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Por la dignidad de la mujer trabajadora: ¡No más agresiones!

La crisis del 29 y sus repercusiones en la Revolución Latinoamericana

Escrito por: 
Rubén Rivera

La presente versión es la primer parte del artículo publicado en la página de internet militante.org: La crisis del 29 y sus repercusiones en la Revolución Latinoamericana

Primera parte

La crisis de 1929 tuvo repercusiones que se extendieron por todo el globo, es muy común escuchar comentarios relacionados con los acontecimientos políticos derivados  tanto en Europa como en Estados Unidos. No obstante resulta muy interesante revisar sus repercusiones políticas en América Latina.

Debemos recordar que el desarrollo del capitalismo latinoamericano, salvo en raras excepciones como México, no vivió procesos de carácter revolucionario. La burguesía que se gestó sobre la base de la convivencia de los terratenientes y los capitales imperialistas, era brutalmente reaccionaria y durante mucho tiempo trató de preservar las relaciones serviles aún en el marco de la producción de mercancías para el consumo internacional.

La posguerra significó una época dorada para la burguesía oligárquica latinoamericana, no obstante la crisis del 29 significó un duro golpe para este modelo de explotación capitalista. "En Argentina el ingreso por habitante disminuyó cerca de 20% entre 1929 y 1934 y sólo en 1946 recuperó el nivel alcanzado antes de la crisis; en Uruguay, todavía en 1943 tal ingreso era inferior al de quince años antes; en Chile, en 1937 el producto interno bruto aún no había recuperado, en términos absolutos, el nivel de 1929" (Agustín Cueva, El desarrollo del capitalismo en América Latina., Pág. 173) 

México no vivió una excepción; apenas en 1929 se había logrado recuperar el nivel de producción del periodo inmediato anterior a la Revolución.

En general una crisis genera miedo e inmovilidad en las masas trabajadoras, no obstante en el caso latinoamericano el efecto fue un severo shock que tuvo profundas repercusiones políticas.

Las masas latinoamericanas recién habían construido sus propios partidos comunistas y en muchos casos como en Cuba, México, Chile, Centroamérica, estaban en vías de convertirse en partidos de masas. No obstante. La degeneración estalinista significó un obstáculo que no pudieron salvar.

Después de shock que significó en un primer momento la crisis las masas se levantaron por todo el continente, no hubo un solo régimen estable en toda América:

En México la radicalización del movimiento llevó a la construcción de frentes de lucha obreros y campesinos de carácter nacional y a movilizaciones proletarias inmensas, el Partido Comunista, aún sumergido en enfermedad sectaria logró integrar frentes de masas como el Comité de Defensa Proletario y después la Central de Trabajadores de México, en cuyas consignas figuraba la lucha por el socialismo.

En El Salvador la radicalización llevó al crecimiento del Partido Comunista de Centroamérica que en pocos años paso de decenas a miles de activistas. Lamentablemente el joven partido, víctima de las directivas extremistas de la Internacional Comunista, se vio arrastrado por los acontecimientos sin poder ponerse al frente de la insurrección de 1932. Cuenta Roque Dalton que una flota de barcos norteamericanos esperaba frente a las costas para actuar en el caso de que el Ejército salvadoreño no fuera capaz de aplastar la insurrección comunista. No fue necesario, debido a la falta de preparación, la insurrección fue derrotada y sus dirigentes, así como más de 30 mil trabajadores, la mayoría del campo, fueron ejecutados en una de las masacres más crueles que hasta ese entonces se tuvieran memoria.

El Nicaragua la lucha de Sandino obligaba al retiro de las tropas norteamericanas,  no obstante los militares “nacionalistas”  encabezados por Somoza no dudaron en traicionar al “general de hombres libres” y asesinarlo para sumir a esta nación en una larga noche dictatorial. Nuevamente los Estados Unidos dieron su beneplácito, Roosevelt no sin una dosis de realismo afirmó. “Sí, Somoza es un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”.

En Brasil la crisis social se había desatado también durante los años veintes, periodo durante el cual se desatan insurrecciones por parte de jóvenes oficiales, los tenentes (tenientes). La más conocida, debido a que se transformó en un movimiento que recorrió gran parte del territorio brasileño y no logró ser aplastada por el Ejército, fue la dirigida por el capitán Luis Carlos Prestes. Al final estalla la revolución de 1930 que pese a la forma que esta asume, sí logra trastocar para siempre la dirección política que la oligarquía brasileña ejercía desde la época colonial; es cierto que el proceso de 1930 surge como un conflicto entre diversas facciones de la oligarquía y que al final surge Getulio Vargas como la figura que la burguesía nacional emplea para capear el temporal, no obstante el proceso no se detiene en 1930, la crisis política se profundiza y ello incluyó la mal orquestada insurrección comunista dirigida por Prestes en junio de 1935. La salida bonapartista de 1937 con la proclamación del Estado Novo, marcó el final de un proceso y una derrota muy costosa que pudo ser evitada. Nuevamente el Partido Comunista Brasileño tuvo gran responsabilidad al actuar en el momento equivocado por las razones equivocadas, facilitando al gobierno de Vargas el combate a los comunistas y al conjunto del movimiento obrero.

En el siguiente artículo continuaremos describiendo las luchas y consecuencias de la crisis del 29 en la Revolución Latinoamericana.

 

Fecha: 
Marzo de 2009
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