“El Materialismo Histórico y Dialéctico aplicado al proceso de “hominización”, el surgimiento de las clases sociales y la civilización”
Introducción
Hoy, gracias al desarrollo de la ciencia, vinculada al desarrollo de las fuerzas productivas impulsadas por el desarrollo del capitalismo, tenemos ya un bosquejo general de ese increíble y apasionante proceso. Por sí mismo los resultados de la ciencia constituyen una confirmación de la visión materialista del mundo. Si bien la ciencia nos proporciona, en éste terreno como en otros, la materia prima para el pensamiento con una gran cantidad de descubrimiento que involucran disciplinas como la biología, la genética, la antropología, la arqueología, etc; a la filosofía le queda la tarea de la interpretación, la deducción de leyes del desarrollo y la extracción de conclusiones generales. Sin duda la ciencia sin filosofía se torna ciega y la filosofía sin ciencia se vuelve metafísica.
El materialismo dialéctico es el método del marxismo, representa una concepción general dl mundo que afirma que el universo, la sociedad y su reflejo: el pensamiento se encuentran en un proceso interminable de cambio a través de saltos bruscos y repentinos por medio de contradicciones, desarrollando una tendencia general hacia la complejidad progresiva. El materialismo histórico no es más que la aplicación del pensamiento dialéctico al estudio de la historia. La tesis fundamental del materialismo histórico la explica Marx en su célebre pasaje de
De acuerdo con esta concepción de la historia la explicación del proceso histórico se encuentra en la producción y reproducción de la vida, reproducción basada, por un lado, en la reproducción sexual de la especie y, por el otro, en la producción de los medios de vida por medio de la producción de herramientas. Para que el ser humano pueda estar en condiciones de hacer historia primero debe estar en condiciones de poder vivir; para vivir necesita alimentarse, vestirse y producirse las herramientas necesarias para ello; pero el hombre no es un ser abstracto y genérico sino que es un ser concreto y social que al producir su vida establece relaciones de producción determinadas por el grado de evolución de sus fuerzas productivas. Así por ejemplo los instrumentos de “la edad de piedra”, determinan relaciones sociales igualitarias en virtud de la limitada productividad del trabajo humano y la naturaleza de su producto. La invención de la agricultura y la ganadería determinan un cambio en las relaciones sociales y la división social del trabajo (surgimiento de las clases sociales) en virtud de la producción de un excedente por encima de las necesidades básicas. El surgimiento de la agricultura intensiva por medio de sistemas de regadío determinan el surgimiento de lo que Marx llamaba “despotismo asiático” en virtud del cual una casta privilegiada por medio de un estado centralizado reclutaba a un ejército de hombres en la construcción de empresas estatales. En ciertas condiciones la existencia de estamentos privilegiados decantaba en el surgimiento de la esclavitud como modo de producción dominante (la existencia de condiciones privilegiadas para el comercio marítimo en el Mediterráneo posibilitaron el que la mano de obra esclava fuera una mercancía abundante que se volviera una relación social predominante en estados como el Fenicio, Griego y Romano). La extensión de la producción agrícola (más extensivas que intensivas) a niveles sin precedentes durante el periodo romano determinó las condiciones para el surgimiento del feudalismo: la existencia de señores feudales y ciervos atados a la tierra y obligado a pagar tributo. La circunnavegación de África y el descubrimiento de América dio un impulso al comercio desarrollando las ciudades y una nueva clase social que basaba su poder en nuevas fuerzas productivas –burguesía- ( proceso que parte desde los gremios feudales y su estructura artesanal, hasta la manufactura y la gran industria moderna). En cada uno de estos casos observamos una revolución en las relaciones de producción en función del desarrollo de la ciencia y la técnica. Ésta base material de la sociedad determina la superestructura ideológica e institucional de la sociedad (Estado e ideología). La ciencia va evolucionando dentro de la estructura de ciertas relaciones de producción y de ciertos reflejos ideológicos y instituciones encargadas de mantener el status quo (un sistema socioeconómico dado), el desarrollo gradual de las fuerzas productivas llega a un punto crítico en el cual dicho desarrollo entra en contradicción con las relaciones de producción, la ideología dominante y las instituciones vigentes; entonces surge un periodo de revolución social que determina el surgimiento de nuevas ideas que indican el preludio de un nuevo y más progresivo modo de producción en donde se ponen a tono la superestructura con las fuerzas productivas. La revolución neolítica, el surgimiento de las primeras civilizaciones, el colapso del imperio romano,
De hecho, de manera implícita o explícita, esta es la forma en que la antropología moderna se aproxima al desarrollo histórico que va del mono al hombre. Incluso aunque el antropólogo tenga una concepción idealista o postmoderna de la historia (Boasianos o particularistas históricos) opera el 90% de los casos con una clasificación de la historia que se basa en una concepción materialista de ésta. De manera muy simplificada, con el objetivo de poner de relieve la óptica correcta del marxismo, podemos decir que la historia del surgimiento humano se comprende en relación con las revoluciones tecnológicas que transforman al mono en hombre. Desde hace unos 6 millones de años, cuando aparece el Australopithecus, hasta hace unos dos millones de años dominan las leyes de la biología para explicar el comportamiento y la vida de estos ancestros nuestros, sin embargo, su transformación hacia la ruta humana se debe, fundamentalmente, a la fabricación de herramientas posibilitadas por la liberación de la mano y la postura bípeda; el género homo se define por su relativa independencia de pautas biológicas a favor de patrones culturales determinados por la base material de producción, especialmente por su capacidad de fabricar herramientas específicas; el primer paso que nos separa del reino animal se dio con las primeras herramientas de piedra (conocidas como técnica olduvaiense) que fueron legadas por el homo habilis hace unos dos millones de años; la interacción entre el hombre y sus fuerzas productivas, por un lado, y la naturaleza cambiante por el otro, nos lleva, con el homo erectus y el homo ergaster, al siguiente salto hace poco más de un millón de años con una tecnología superior (tecnología acheliense) y con la domesticación del fuego; hasta este punto lo más probable es que las fuerzas productivas obligaran a estos hombres prehistóricos a ser carroñeros más que cazadores constituyendo el periodo histórico conocido como paleolítico inferior o fase inferior del salvajismo; las mismas contradicciones que nos llevan del habilis al erectus nos llevan del erectus al los sapiens-arcáicos, especialmente al neandertal (hace unos 300 mil años), los cuales con una tecnología superior (conocida como técnica levalloisiense o musteriense) comienzan a demostrar una capacidad de simbolización y abstracción propiamente humanos y, específicamente con los neandertales, la capacidad de conquistar los climas helados de la última glaciación y a la caza de presas mayores como los enormes mamuts, abriendo el paleolítico medio o fase media del salvajismo; el final de la glaciación (fin del pleistoceno) somete a prueba a estor protohumanos de los cuales surge triunfante el sapiens-sapiens que ya había surgido y cohabitado con las sapiens arcáicos hace más de 100 mil años demostrando una capacidad de adaptación tecnológica con la que no contaban las otras especies humanas. Es nuestra propia especie la que da el gran salto cultural hace unos 40 mil años durante el apogeo del comunismo primitivo y con el surgimiento de una diversidad tecnológica sin precedentes que muestra todo el potencial del modo de producción comunista de la edad de piedra significando el paleolítico superior o fase superior del salvajismo; esplendor bruscamente interrumpido, hace unos 13 mil años, por el corto periodo mesolítico que prepara finalmente a la trascendental revolución neolítica hace unos 12 mil años donde entramos al periodo conocido como barbarie.
El surgimiento de las clases sociales y, posteriormente, el estado (fenómeno conocido como civilización) nos muestra, por otro lado, un punto de inflexión decisivo impulsado por primera vez hace unos 12 mil años fundamentalmente por con la llamada “revolución neolítica” o el surgimiento de la agricultura y la ganadería. Éste salto brusco en la historia nos muestra de manera muy clara y diáfana el papel del desarrollo de las fuerzas productivas en la transformación de las relaciones sociales y del conjunto de la superestructura social; representa una de las confirmaciones más espectaculares de las ideas fundamentales del materialismo histórico. Este salto resulta clave pues se puede estudiar de una forma “químicamente pura” el surgimiento de las clases sociales con todas sus repercusiones en todos los aspectos de la cultura; proceso que comienza con el surgimiento de jefaturas y termina, hace unos 6 mil anos, con el surgimiento de un monstruo llamado estado, y con éste nace la escritura, la arquitectura, la filosofía, la astronomía, la religión y el papel que en todo ello jugó el desarrollo de las fuerzas productivas. En suma la historia del proceso que nos lleva del mono al hombre resulta un proceso dialéctico: un desarrollo en espiral lleno de tensiones o contradicciones que son superadas dolorosamente con nuevas revoluciones, que presenta una gráfica que tiene ascensos bruscos que superan cambios acumulativos así como caídas abruptas y, sin embargo, presenta una tendencia general hacia un aumento progresivo del control de hombre frente a la naturaleza y cuya constante es la transformación gradual interrumpida por asombrosas revoluciones; proceso que ratifica de una manera asombrosa las tesis centrales del materialismo histórico.
Con esta perspectiva resulta apasionante determinar el salto dialéctico en donde las leyes de la evolución biológica quedan subsumidas por las leyes de la evolución histórica, es decir, el punto crítico en donde se puede legítimamente hablar de historia humana en lugar de evolución natural. La historia humana – si bien convencionalmente se divide a la historia en periodo prehistórico e histórico, es claro que aquí nos referimos a historia en el sentido amplio- existe desde que los homínidos fueron capaces de transformar de manera más o menos conciente su propio entorno y con ello transformarse a sí mismos y sus relaciones sociales (creando cultura, lenguaje, arte, eventualmente instituciones estatales, etc)[2]; la fabricación de herramientas, la transformación social del hombre en conjunto son sus herramientas (conjunto llamado fuerzas productivas) constituye la clave de la historia humana porque es el factor decisivo que nos diferencia del resto del reino animal y nos sitúa en el terreno de la sociedad humana: una realidad cambiante que no depende de las leyes de la biología sino de las leyes objetivas de la historia; leyes descubiertas por Marx y Engels. Si bien es cierto que sería absurdo estudiar mediante el materialismo histórico a los primeros homínidos (los “Australopitecinos”), en el estudio su surgimiento y desarrollo dialécticos se encuentran las claves de la presión evolutiva hacia el crecimiento del cerebro y la ruta que nos lleva del “mono” al hombre; los elementos que nos conducen, pues, de la evolución biológica a la historia humana se encuentran en germen en éstos antepasados de cerca de 6 millones de años de antigüedad, en ellos se encuentran las claves del surgimiento de la historia (objeto del materialismo histórico): la locomoción bípeda y una mano estructuralmente capaz de fabricar herramientas.
Este estudio nos dará elementos para determinar la “esencia” del ser humano o su propia especificidad confirmando la óptica marxista del tema. Nuestra esencia esta en la capacidad de transformar socialmente nuestro entorno, nuestras relaciones sociales y a nosotros mismos por medio del desarrollo de herramientas, en supeditar a la naturaleza a nuestras propias relaciones sociales objetivas que reflejan el desarrollo de la fuerzas productivas, un desarrollo que no depende esencialmente de la subjetividad humana, sino que, al contrario, refleja e interactúa dialécticamente con su base material. Se trata de una esencia cambiante, histórica, concreta. No existe una esencia metafísica, inmutable, separada de el desenvolvimiento histórico humano; paradójica y dialéctimente la esencia humana permanece cambiando, su esencia esta en el cambio o más precisamente en la transformación del medio por el hombre, por medio de la creación y transformación de ciencia y tecnología y gracias e ello la transformación del hombre en sus relaciones sociales, física e intelectualmente.
Este estudio mostrará la pertinencia y la vigencia del marxismo y sus principales categorías en el análisis del surgimiento de la humanidad y la civilización. Se trata del estudio de un proceso que involucra la validez de los aspectos fundamentales del marxismo tanto en lo que respecta a su base filosófica (materialismo dialéctico) como a muchos de las derivaciones de su aplicación a la historia (materialismo histórico) como es la teoría de la lucha de clases, el significado y el papel del estado, la relativa dependencia de la superestructura con respecto a su base (infraestructura); así como a lo que el mismo surgimiento de la humanidad nos tiene que decir, a la luz de la teoría marxista, con respecto a la esencia misma del hombre, su peculiaridad y lo que todo ello nos sugiere con respecto a los males y las esperanzas de nuestro tiempo y las expectativas de un mundo mejor.
¿Existe progreso en la historia?
El estudio de la hominización, el surgimiento de las clases sociales y la civilización pone en evidencia que la historia no es un proceso azaroso o caprichoso, sino que tiene leyes que determinan su desarrollo, que determinados resultados son más posibles que otros tomando en cuenta la producción material de la vida y que condiciones productivas similares dan como resultado estructuras sociales, instituciones e ideologías similares. Y dialécticamente cada fenómeno convergente (por ejemplo la existencia de sociedades de despotismo asiático que se refleja en la construcción de pirámides en sociedades sin ningún tipo de contacto) tiene sus propias peculiaridades. En otras palabras la historia es un proceso convergente y divergente al mismo tiempo pero tanto la divergencia como la convergencia pueden ser comprendidas de manera científica si somos capaces de descubrir los procesos materiales que las determinan. Al mismo tiempo la sucesión de diferentes modos de producción que se condicionan dialécticamente expresa un desarrollo progresivo en cuanto a la productividad del trabajo y el desarrollo de la ciencia y la técnica.
La idea de que existen sociedades más progresivas que otras encuentra resistencia entre la escuela del particularismo histórico y la tendencia relativista del “pluriculturalismo”, se afirma que toda cultura es tan valiosa como cualquier otra y que es imposible, además de retrógrado, hablar de superioridad de las culturas. Afirmar que una cultura es más elevada que otra es menospreciar la cultura, etnocentrismo, ignorar la diversidad cultural y favorece la opresión y desaparición de culturas diferentes a la nuestra. Sin embargo estas objeciones se basan en un malentendido (basado en una profunda diferencia de metodología) cuando se orientan contra la visión marxista de la historia.
Los marxistas no estudiamos a la historia desde un punto de vista sentimental o de aprecio abstracto. Podemos compartir con el “multiculturalismo” la opinión de que toda cultura, cada pueblo tiene elementos valiosos sin negar el hecho de que existe un desarrollo progresivo de la historia. Nuestra valoración de las culturas humanas no es abstracto como en el caso de los multiculturalistas porque, a diferencia de éstos, nosotros sabemos que la cultura de cada sociedad determinada está muy lejos de ser homogénea y que, por el contrario, se encuentra dividida por contradicciones que reflejan intereses de clase, que la cultura dominante, aún cuando contenga elementos valiosos que se heredan a sistemas socioeconómicos más progresivos, es la cultura de la clase dominante. Compartimos la preocupación por la opresión y el etnocidio que produce la sociedad contemporánea –el marxismo tiene como objetivo la emancipación de los trabajadores-; pero comprendemos que la opresión y la desaparición de las culturas ancestrales se basa en la naturaleza misma del capitalismo y que la solución de éste problema está en la lucha contra el modo de producción capitalista y la lucha por el socialismo: un modo de producción que posibilitaría la autodeterminación de los pueblos y la preservación y cultivo de los elementos valiosos de la cultura universal. Lamentablemente los “multiculturalistas”, ni mucho menos los boasianos (cuya teoría desarrollada por Franz Boas nació como reacción contra la teoría marxista de la historia), ven la vinculación entre la autodeterminación de los pueblos con la lucha por el socialismo. Tanto el multiculturalismo como el particularismo histórico son teorías que tienen como consecuencia práctica la imposibilidad de comprender de manera científica a la historia y, consecuentemente, no están en posibilidad de ofrecer una alternativa. En verdad los pueblos oprimidos no ganan en autodeterminación ni un milímetro por el hecho de que en las academias se afirme la diversidad abstracta de las culturas; incluso esa diversidad que los multiculturalistas defienden incluye la “diversidad” de clase, disfraza la explotación bajo la máscara de la diversidad y la tolerancia; no se trata más que de una vacua abstracción que intenta ocultar la opresión concreta y que los oprimidos sean tolerantes con la explotación. El “particularismo histórico” de Boas y Margaret Mead confiesa explícitamente la imposibilidad de encontrar leyes históricas dejando en su lugar la recopilación, muchas veces valiosa, pero por sí misma estéril y siempre ocultando premisas teóricas que determinan la recopilación de hechos.
¿En donde radica el factor determinante que nos permite hablar de progreso en la historia?. Si nosotros tratamos de avaluar el progreso en términos morales o subjetivos no saldríamos de la arbitrariedad y los gustos y prejuicios del intérprete; esta vía justificaría plenamente la posición relativista y abstracta de los multiculturalistas. Si comparáramos desde el punto de vista de la moral abstracta a las sociedades preestatales, como los bosquimanos, con la moderna sociedad capitalista, ésta última no saldría muy bien parada; mientras que probablemente nos inclinaríamos por la libertad, la igualdad y la fraternidad si comparáramos estos valores abstractos de la revolución francesa con la moral monástica del feudalismo (un monje quizá opinaría diferente). Con este criterio no iríamos más allá de las frases de catecismo y la historia moralizante. Si evaluáramos el progreso historia desde el punto de vista de los logros estéticos habría tantas opiniones como gustos tenga el observador: qué es más valioso ¿la pinturas rupestres de Francia y España o la pintura bizantina del Medievo?, ¿la estructuras megalíticas de Stoneheinge o la pirámides de Egipto?. A su manera todos estos logros estéticos y arquitectónicos marcan cumbres en la capacidad estética del ser humano.
No obstante, la cosa cambia si evaluamos el progreso en términos materialistas, es decir, desde el punto de vista del control, que un modo de producción determinado, da a los hombres sobre la naturaleza; es decir, desde el punto de vista del desarrollo de las fuerzas productivas y la capacidad de estas para desarrollar la productividad del trabajo; este criterio no es arbitrario porque refleja lo específicamente humano: la producción de su vida por medio del trabajo y la producción de herramientas. Desde éste punto de vista es claro que el capitalismo, a pesar de su moral individualista y egoísta, es infinitamente superior al comunismo primitivo en sus fuerza productivas y por tanto, en la productividad del trabajo humano. La superioridad de un modo de producción con respecto a otro se refleja en el aumento absoluto de la población, en la progresiva división del trabajo, en la agricultura intensiva, en el desarrollo del comercio, en la extensión e intensidad de la producción. Ello se refleja en términos ideológicos en fenómenos como el surgimiento de nuevas ramas del saber: en el surgimiento de la filosofía y la ciencia, en el surgimiento de la religión a partir del pensamiento mágico, en el surgimiento de la ciencia a partir de la religión. En última instancia la sucesión de diversos modos de producción hasta llegar al modo de producción capitalista prepara las fuerzas productivas que posibilitan las condiciones materiales para la abolición de la sociedad de clases, la abolición de la propiedad privada de los medios de producción y la instauración de una sociedad sin clases basado en la superabundancia. Será un regreso al comunismo primitivo sobre bases infinitamente superiores. Al mismo tiempo que cada modo de producción describe un desarrollo progresivo sobre en el control de los hombres sobre la naturaleza este progreso está lejos de ser lineal e incluso homogéneo en cuanto observamos sus consecuencias en la superestructura social. Así la moral de la sociedad de clases parece una caída (y desde un cierto punto de vista lo es) de la humanidad desde el pedestal de la moral del comunismo primitivo, mientras que el conocimiento de ciertos aspecto de la naturaleza avanza con el desarrollo de las fuerzas productivas de la sociedad de clases ( por otro lado un bosquimano observa más detalles de la naturaleza a simple vista que ni el mismo Einstein sería capaz de detectar); la filosofía griega aparece como un enorme paso adelante frente a el mito y la religión de las sociedades de “despotismo asiático”; por otro lado la situación de las masas trabajadoras no resulta muy bien parada si la comparamos con la situación de relativa abundancia del despegue cultural de hace cuarenta mil años (apogeo del comunismo primitivo); pero dicho nivel de vida se queda corto si, a su vez, lo comparamos con la riqueza en la que vivía la clase dominante romana. En suma el progreso histórico es contradictorio y está lleno de contrastes, no obstante desde el punto de vista decisivo y fundamental del desarrollo de las fuerzas productivas el esclavismo es superior al comunismo primitivo, es feudalismo al esclavismo, el capitalismo al feudalismo y el verdadero socialismo lo será el comparación al decadente sistema capitalista.
Australopitecinos: las condiciones materiales para la transformación del mono en hombre
“El trabajo es la fuente de toda la riqueza, afirman los especialistas en economía política” no dice Engels, “Pero es muchísimo más que eso. Es fundamental y primera condición de toda existencia humana, y ello en tal medida que, en cierto sentido, debemos decir que el trabajo creó al hombre”. En realidad la antropología moderna ha confirmado esta tesis fundamental para el materialismo histórico: el trabajo y la fabricación de herramientas nos transformó en humanos, tal como se ven obligados a aceptar, no sin cierta precaución, antropólogos que no pueden ser acusados de ser marxistas: “el género homo es el primero en sufrir una serie de transformaciones que probablemente se originaron con la construcción de estas herramientas líticas: expansión del cerebro, modificación de la pelvis femenina para acomodar fetos con mayor cerebro y reducción del tamaño de los dientes, rostro y mandíbulas”[3]. Sin embargo, en el reino animal el hombre no es el único ser que fabrica herramientas, una amplia gama de seres vivos las fabrican, incluso –aunque parezca increíble- algunos insectos llegan a fabricarlas: “la avispa Amophila urnaria aplana los laterales de su nido con una piedrecita sujeta entre las mandíbulas. Las larvas de hormiga león se colocan semienterradas en el fondo de sus trampas en forma de embudo; con un movimiento brusco de la cabeza envían una lluvia de arena contra los pobres bichos que tratan de huir por la empinada pared. Las hormigas Myrmicene mojan pedacitos de madera y hojas en alimentos viscosos, como miel, pulpa de frutas y fluidos orgánicos de presas, esperan que las sustancias se adhieran o empapen la madera y regresan con ella al hormiguero”[4].
Entonces, ¿Cuál es la diferencia entre el trabajo de los insectos y el trabajo humano?, ¿porqué la nutria no se transformó en algo parecido al hombre si ella utiliza una roca como herramienta para abrir ostras?. La gran diferencia es que los animales fabrican herramientas porque están condicionados genéticamente para hacerlas, no pueden elegir actuar de otra manera ni pueden adquirir nuevos conocimientos y heredarlos mediante el aprendizaje a su descendencia; la avispa tiene un gen para fabricar su curiosa herramienta de la misma manera en que tiene un gen para tener alas. Mientras que en el hombre (y en mucho menor medida nuestro primo el chimpancé) las fabricación de herramientas se convierte en un proceso cultural que no se hereda genéticamente sino que se aprende, evoluciona y se transforma progresivamente subordinando a la naturaleza, los instintos y los genes. La fabricación de herramientas crea historia y transforma física y socialmente al hombre mientras que la nutria no se ha transformado, ni se transformará en un ser más inteligente por el hecho de romper ostras con una piedra; en la nutria esa actividad no marca un salto cualitativo fundamentalmente porque no forma parte esencial de su modo de sobrevivir. La fabricación de herramientas por el hombre, dadas las características estructurales de la mano humana y su carácter social, implica y genera una capacidad de abstracción, previsión y generalización que no necesita la nutria ni mucho menos la avispa para hacer sus herramientas; tampoco esta en condiciones de generar ese potencial. Incluso la fabricación de herramientas por un chimpancé es cualitativamente superior a la de la nutria, el chimpancé aprende y no esta condicionado genéticamente para hacerlas, incluso encontramos variantes “culturales” de fabricación de herramientas entre chimpancés de diferentes regiones; algunos chimpancés, por ejemplo, son capaces de utilizar una rama sin hojas para capturar termitas, utilizan hojarasca como espoja para beber agua; tienen una cultura muy rudimentaria (algunos simios tienen la tradición de limpiar su alimento con el agua de mar). Incluso aquí encontramos una diferencia cualitativa entre el simio y el hombre; los simios no tienen necesidad de fabricar herramientas de manera habitual para sobrevivir porque, en condiciones normales, pueden obtener todo lo que requieren directamente de su entorno natural; sólo en condiciones límite y de una manera muy rudimentaria nuestros primos fabrican herramientas. Por el contrario la fabricación de herramientas por el hombre es una actividad esencial sin la cual el ser humano no podría sobrevivir; esta actividad es el factor que, en última instancia, determina su evolución histórica e incluso su transformación física. ¡Por ello ningún chimpancé ha generado la capacidad de escribir poesía, esculpir El David de Miguel Ángel ni tener la capacidad lingüística de los seres humanos¡.
El comportamiento de los chimpancés resulta relevante porque nos da una idea del punto de partida de la evolución humana. La prueba de que no se requiere más que e cerebro de un chimpancé y encontrarse en una situación límite para dar muestras de ingenió que superarían la inteligencia de George Bush o la de algunos diputados la proporcionaron unos chimpancés de un parque cercano a Atlanta quienes “partieron grandes palos y los introdujeron en las grietas de una cerca de
El primer homínido conocido (el Australopitecus Aferensis) del que se tiene seguridad que fue completamente bípedo –el ardipithecus ramidus (4,4 millones de años) representa a una especie anterior que pudo haber sido la primer especie homídida- seguramente fabricó hace 4 millones de años herramientas rudimentarias (si bien ninguna que pudiera ser preservada y estudiada por los antropólogos) de la misma forma que el chimpancé. Pero había una pequeña gran diferencia entre los chimpancés y los autralopitecus: los Australopitecinos: caminaban en dos píes. La evidencia al respecto no sólo proviene de su estructura pélvica que no deja lugar a dudas sino de un conmovedor conjunto de huellas preservadas por la ceniza volcánica, tan antiguas como
Estos homínidos contaban con el potencial físico para la fabricación de herramientas, ¡el cerebro de un chimpancé y la posición erecta era todo lo que se necesitaba¡. A diferencia de los chimpancés, nuestros ancestros Australopitecinos, estaban en un contexto ecológico que los situaba en situación límite y que obligaba a realizar ese potencial y fabricar herramientas con mucha más frecuencia que los chimpancés: los bosques retrocedían y las sabanas avanzaban; en este contexto tanto el bipedalismo como la fabricación de herramientas, estrechamente vinculados, representaban una ventaja evolutiva para aprovechar recursos alimenticios que se encontraban en la tierra, transportar primitivas herramientas de madera y rocas para moler semillas, transportarse a grandes distancias en espacios abiertos y detectar a potenciales depredadores de manera similar a como lo hacen actualmente los suricatos en África y quizá para regular la temperatura corporal al limitar la superficie expuesta al sol y hacer más eficiente la sudoración corporal. Las causas se convirtieron en efectos y los efectos en causas: la posición erguida liberó la mano y facilitó la fabricación regular de herramientas y con la fabricación de herramientas se fue desarrollando la posición erguida; la diferencia entre manos y pies; la reducción de tamaño de dientes rostro y mandíbulas y sobre todo las tendencias hacia el crecimiento del cerebro, junto con la concomitante transformación de la pelvis, en una muestras asombrosa de que al fabricar no fabricábamos nosotros mismos: Engels ya había subrayado las implicaciones revolucionarias de la posición erecta cuando señala que “la acción de trepar asigna distintas funciones a las manos y los pies, y cuando su modo de vida implica la locomoción en suelo llano, estos monos olvidaron poco a poco la costumbre de usar la manos para caminar y adoptaron una postura cada vez más erguida. Este fue el paso decisivo de la transformación del mono en hombre”.
La mano así liberada se transformó así misma al mismo tiempo que modificaba su entorno y al propio Australopithecus creando el instrumento de producción más increíble sobre la faz de la tierra: la mano humana. “Así pues” nos señala Engels en una pasaje clásico que conserva todo su valor después de más de 100 años de haber sido escrito “la mano no es sólo el órgano del trabajo, sino también el producto del trabajo. El trabajo, adaptación a operaciones siempre renovadas, herencia de músculos, ligamentos y, a lo largo de prolongados periodos, huesos que pasaron por un desarrollo especial y el siempre renovado empleo de ese refinamiento heredado en operaciones nuevas, cada vez más complicadas, otorgaron a la mano humana el alto grado de perfección necesario para crear los cuadros de un Rafael, las estatuas de Thorwaldsen, la música de un paganini”[8]. Pero no sólo la mano es el producto del trabajo, sino, lo más asombroso, el órgano que representa a la materia más altamente organizada en el universo conocido, la materia que ha cobrado conciencia de sí misma: el asombroso cerebro humano.
Resultó una sorpresa cuando los antropólogos descubrieron que los Australophitecus tuvieron el cerebro de un chimpancé (alrededor de 415 cc), ¡en realidad eran poco más que chimpancés erectos¡. “Sabemos por medio del registro de fósiles que otros cambios físicos importantes como la ampliación del tamaño del cerebro, la modificación de la pelvis femenina para permitir el alumbramiento de crías con mayor cerebro y la reducción de la cara, dientes y mandíbulas no se produjeron hasta hace unos dos millones de años, tras la aparición del bipedalismo. También pueden haberse producido en esa época otras características humanas, como el aumento del tiempo de dependencia de las crías jóvenes respecto de sus padres y el aumento de la ingesta de carne en la dieta habitual.”[9]. Desde el punto de vista materialista, sin embargo, esto es perfectamente lógico y expresa lo que es propio de la humanidad y lo que explica su surgimiento. Representa una confirmación brillante del materialismo filosófico porque refuta la tesis idealista según la cual la esencia del hombre y el motor principal en su surgimiento están en el pensamiento; más bien al contrario lo que nos transformó en humanos y lo que es específico del hombre se encuentra en la capacidad de transformar el medio, transformación que se torna conciente conforme los homínidos se van transformando a sí mismos –en vinculación con el medio y las leyes de la selección natural- en hombres. No obstante conforme la presión evolutiva, determinada por la fabricación de herramientas, impulsaba el crecimiento del cerebro la relación dialéctica entre el homínido y al medio ambiente comenzaba a convertirse en su contrario. Con el género Homo presenciamos el comienzo de la dominación de la naturaleza por el hombre y la supremacía de la cultura, y no las leyes biológicas, para explicar el desarrollo humano. Es verdad lo que explicaba Engels hace más de 150 años: ¡el trabajo convirtió al mono en hombre¡.
A pesar de éste comportamiento sin parangón en el reino animal nuestros ancestros australopithecinos estaban sometidos aún como cualquier animal a la naturaleza y a las leyes de la evolución biológica, los gérmenes existentes de comportamiento cultural estaban subsumidos casi completamente a la biología. Los cambios y el surgimiento de los primeros homínidos –hasta el surgimiento del genero homo y específicamente al Homo sapiens- estaban determinados por la dialéctica de las leyes de Darwin y no las de Marx. No obstante lo que no sabían ni podían saber nuestros viejos antecesores es que al fabricar herramientas se transformarían radicalmente en algo muy diferente y crearían algo desconocido hasta entonces: cultura y el inicio de la maravillosa senda humana. Pero nos estamos adelantando demasiado. Con los Australopithecinos aún estamos muy lejos del dominio de la naturaleza. La prueba de ello es que “su desaparición se ha atribuido a la crisis climática que se inició hace unos 2,8 millones de años y que condujo a una desertificación de la sabana con la consiguiente expansión de los ecosistemas abiertos, esteparios”[10].
Acerca de las divisiones de la prehistoria
Dado que con el género homo entramos, en sentido amplio, al terreno de la historia humana es necesario aclarar la terminología usada para dividir los periodos de la prehistoria (es decir al periodo anterior a la civilización). Engels en su obra clásica “El origen de la familia propiedad privada y el estado” recupera la división de las etapas culturales de la prehistoria propuesta por el antropólogo norteamericano Lewis H. Morgan - que utilizaron antropólogos célebres como Gordon Childe- quien divide a ésta en Salvajismo, Barbarie y Civilización, dividiendo las dos primeras en periodos inferior, medio y superior. La esencia del libro de Engels es mostrar retomando las partes materialistas de Morgan (en realidad Morgan era filosóficamente ecléctico y a veces atribuía el progreso histórico a la evolución de los medios de subsistencia –la parte positiva y perdurable de su obra- como a la selección natural de las ideas), con los datos científicos a su disposición, que el desarrollo de las fuerzas productivas determina las formas de la familia, el conjunto de relaciones sociales, las ideas dominantes en una sociedad y el surgimiento del estado, es decir, la confirmación del punto de vista del materialismo histórico. Por supuesto que nuestra convicción es que los datos modernos justifican en mayor medida la tesis central de Engels. Pero es necesario aclarar algunos errores de bulto de las divisiones utilizadas por Morgan y Engels. Los antropólogos modernos se refieren al periodo llamado por Morgan salvajismo como paleolítico subdividiéndolo en edades líticas conocidas como paleolítico inferior medio y superior (en un apartado posterior veremos las divisiones de este último); agregando otra fase transitoria al neolítico conocida como periodo mesolítico -sin equivalente en la terminología de Morgan- inmediata anterior a la revolución neolítica (conocida por Morgan como Barbarie). Podemos hacer una conversión a la terminología adoptada por Engels (basada en Morgan), sin embargo, es necesario considerar que las divisiones de Morgan estaban asociadas a instrumentos de producción que, en ocasiones, no corresponden en realidad a dichos periodos dada la información limitada que poseían sobre el desarrollo de fuerzas productivas en periodos prehistóricos. Por ejemplo Engels, retomando a Morgan, creía que en el periodo medio del salvajismo se comenzó con el consumo de pescados, crustáceos y otros animales acuáticos, además de la domesticación del fuego; sin embargo, los datos actuales señalan que fue en el paleolítico inferior (o periodo inferior del salvajismo según la terminología Morgiana) donde se controló por primera vez el fuego hazaña lograda por el homo Erectus (si bien aún existen dudas al respecto) y que una dieta más orientada a pescados y otras fuentes fluviales se dio más bien en el mesolítico (periodo que no encuentra correspondencia en la terminología Morgiana); el periodo intermedio del salvajismo (paleolítico medio en la terminología moderna) esta asociado con sapiens arcáicos como el neandertal quien se alimentaba, según sabemos, por carne de presas mayores más que de pescados[11]. Por supuesto que el punto de vista marxista no es refutado por la nueva terminología, antes bien, al contrario ya que cada fase del paleolítico esta asociada al desarrollo de las fuerzas productivas incluso determinadas técnicas de fabricación determinan el paso de una etapa a otra; en realidad el fondo de la visión marxista se fortalece con nuevas evidencias y con una división más precisa y clara incluso en cuanto a la terminología (hace referencia a la materia prima fundamental: la piedra). En el presente trabajo utilizamos la terminología moderna y la de Morgan como equivalentes.
Paleolítico inferior (periodo inferior del salvajismo)
Surgimiento del genero Homo, las primeras herramientas
Con el surgimiento del Homo (hace aproximadamente 2 millones de años) –del cual se han identificado al menos dos especies: homo habilis y homo rudolfensis- presenciamos ya un crecimiento notable de la capacidad cerebral (un promedio de 630cc) de 1/3 en realción con los australopithecus, el Homo Habilis fue el primer homínido en fabricar herramientas de piedra muy simples que pueden ser descritas como una piedra a la que se le “saca punta” en uno de sus extremos (tecnología conocida como “olduvaiense”) que pudieron ser preservadas para el estudio de los antropólogos. Representa una verdadera revolución, un salto dialéctico hacia adelante en el árbol frondoso que conduce al homo sapiens (o mejor dicho a las diversas especies de homo sapiens anteriores al sapiens-sapiens) esta primitiva tecnología “olduvaiense” –que expresa ya un muy limitado control sobre la naturaleza- no sufrió cambios en alrededor de 300 o 400 mil años (hasta el surgimiento del erectus), un periodo de tiempo largo si comparamos la evolución histórica propia de los sapiens modernos pero un suspiro en términos evolutivos. Esta lentitud, desde el punto de vista de la evolución cultura,l en la evolución de las fuerzas productivas se puede explicar porque el hábilis seguía estando sometido a la naturaleza- de hecho el habilis combinaba muy probablemente la dieta de plantas, insectos y pequeñas presas con la de carroñero oportunista ya que su tecnología le impedía enfrentarse con presas mayores- y no a las leyes de la historia; no obstante su supervivencia ya estaba fuertemente vinculada a la fabricación de toscas herramientas de piedra -con las que accedía a la médula de los huesos de animales muertos- y con ello el comienzo de relaciones sociales que describen pautas culturales.
Hemos subrayado que la transformación de la naturaleza transforma las relaciones sociales. El consumo de carne, mediante la caza de crías y pequeñas presas, pudo jugar un papel muy importante en el desarrollo de la socialización debido al carácter colectivo de la caza en contraste con la recolección individual de plantas y semillas, aquí existe una reacción en cadena que influye sobre aspectos aparentemente sin relación; en lo relacionado al consumo de carne nuestros primos los chimpancés son una prueba convincente de ello. “Generalmente, los chimpancés cazan en grupo y comparten la presa con los demás. Si un chimpancé no encuentra con quien juntarse abandonará la caza. Durante todo el proceso de matar, distribuir y consumir las presas, muestran un entusiasmo y un nivel de interacción social inusuales. Durante la caza, entre tres y nueve chimpancés tratan de rodear la presa, moviéndose de un lado a otro por espacio de una hora para cerrar las posibles vías de escape (…) Los chimpancés sólo comparten de vez en cuando los alimentos de origen vegetal, pero siempre comparten la carne, excepto si la presa la captura un chimpancé solitario en la selva”[12]. Es seguro que éste comportamiento haya estado mucho más presente en el habilis, pero junto con una mayor ingesta de carne, producto de mejores herramientas, el consumo de proteínas aumenta considerablemente favoreciendo el desarrollo del cerebro “Con todo el debido respeto a los vegetarianos” nos dice sarcásticamente Engels, “el hombre no pudo surgir sin una dieta de carne, y si esta última, entre los pueblos que conocemos, llevó en una u otra ocasión al canibalismo (..) ello carece de importancia para nosotros en la actualidad”
La fabricación de herramientas jugó un papel crucial en el impulso evolutivo al favorecer el desarrollo de capacidades de abstracción, previsión, etc; que requieren mayor capacidad cerebral; en éste comportamiento sin precedentes en el reino animal se encuentra parte de la explicación de porqué la evolución los impulsó tan rápidamente al siguiente salto dialéctico de la senda humana. Como señala Gordon Childe: “En la historia humana, los vestidos, herramientas, armas y tradiciones, toman el lugar de las pieles, garras, colmillos e instintos, para la búsqueda de alimento y abrigo. Las costumbres y prohibiciones, condensando siglos de experiencia acumulada y transmitida por la tradición social, ocupan el lugar de los instintos heredados, facilitando la supervivencia de nuestra especie”[13]. Incluso podemos afirmar que la fabricación de herramientas va mucho más allá, no sólo involucra su papel en la supervivencia, sino constituye el elemento central que nos permite explicar la totalidad de la estructura social y de los cambios que operan en ella, su desarrollo cuantitativo nos lleva irremediablemente a que tarde o temprano se presente una revolución que abre una nueva fase en el desarrollo de los modos de producción -así como la acumulación de cambios genéticos nos lleva tarde o temprano a el surgimiento de nuevas especies-. Dialécticamente la mano posibilitó el trabajo, éste creó la mano, ambos desarrollaron el cerebro; el cerebro impulsó el trabajo y el trabajo transformó al hombre.
El “Planeta de los simios” y la domesticación del fuego
No obstante aunque lo determinante en el habilis seguía siendo la selección natural, paradójicamente ésta actuaba sobre la base de la fabricación habitual de herramientas, esto, a su vez, significó un tremendo impulso al desarrollo evolutivo de tal forma que en tan sólo unos 300 o 400 mil años después –un parpadeo evolutivo- el cerebro de los homínidos se duplicó. Aquí tenemos una reacción en cadena en donde la fabricación de herramientas, la selección natural, el crecimiento del cerebro, la cooperación, etc; interactúan recíprocamente convirtiendo a los efectos en causas y las causas en efectos. Esta interacción nos lleva hacia el siguiente salto dialéctico de la genealogía humana, “sin duda la etapa más confusa y compleja de la evolución humana. El sucesor cronológico de los citados Homo rudolfensis y Homo habilis es Homo ergaster, cuyos fósiles más antiguos datan de hace aproximadamente 1,8 millones de años”[14] además del ergaster nos encontramos al Homo Erectus con una capacidad cerebral mucho mayor que su antecesor (oscilando entre los 727 y 1.067 cc).
Es una refutación a la visión gradualista y lineal de la evolución el hecho de que el árbol genealógico humano sea tan frondoso y abigarrado e incluso que en determinado momento el planeta tierra fuera un especie de “planeta de los simios”. El erectus cohabitó el planeta con otros homínidos como el Australopitecus Boisei y el Robustus (homínidos de dieta especializada); y con el asombroso Gigantophitecus un enorme primate desaparecido hace apenas unos 250000 años, el verdadero Kong-Kong o “sastcuach” de carne y hueso, de
Es probable que con éste salto dialéctico este hombre primitivo fue capaz de controlar una fuerza de la naturaleza fundamental: el fuego, una de las más grandes revoluciones tecnológicas en la historia de la humanidad que marcaría para siempre el desarrollo humano: fuente de seguridad, calor, acceso a nuevos hábitats, acceso a nuevos recursos alimenticios por medio del cocimiento, y propulsor de la imaginación humana; éste descubrimiento y la obsesión por su preservación sobreviviría en la conciencia colectiva en la forma de tradiciones ancestrales de fuego eterno presentes incluso en la llama de los juegos olímpicos. El control del fuego representa uno de los primeros pasos que separan al hombre del resto del reino animal, el erectus fue el primer animal que controlo su temor al fuego y con ello se separó un paso más del mundo animal al que aún estaba ligado y probablemente aprovechó este temor no sólo para ahuyentar a las fieras sino como una poderosa herramienta de caza (al poder ahuyentar a las presas e la dirección deseada y para endurecer sus lanzas); el uso del fuego transformó literalmente al hombre no sólo porque tuvo acceso a nuevas fuentes de proteínas que estimularon su inteligencia sino porque pudo prescindir de molares grandes y mandíbulas fuertes y su rostro empezó a configurar una apariencia más humana. ¡Literalmente, como afirma la teoría marxista, el hombre transforma a la naturaleza y al mismo tiempo se transforma a sí mismo¡. Además de transformarse físicamente, el control de fuego estímulo la transformación de las relaciones sociales de los homínidos porque su uso como instrumento de caza requiere niveles de cooperación y planificación sin precedentes, además, para cocer la carne hay que destazar al animal, en un lugar seguro como una cueva, procedimiento que requiere un nivel de cooperación antes desconocido y luego cocinar los trozos y el alimento de toda la banda incluso de aquellos que no pidieron participar directamente como los ancianos y niños. Probablemente estas actividades sociales implicaron los primeros balbuceos de lo que cientos de miles de años después se convertiría en el lenguaje humano[16]. Con el género homo las actividades de caza de presas medianas, además de la recolección, empiezan a cobrar mayor importancia frente a las actividades de carroñero y eventual cazador de presas menores, y con ello, quizá la primera división social del trabajo entre hombres cazadores y mujeres recolectoras (por lo menos las mujeres preñadas o en periodo de lactancia). A medida que los lazos sociales y los factores culturales dominaban a los factores puramente biológicos el tiempo de dependencia de las crías aumentaba, los seres humanos somos la especie dentro de todos los primates cuya dependencia de las crías es asombrosamente larga. Una cría de gacela sabe instintivamente casi todo lo necesario para sobrevivir, ¡los bebes humanos son unos perfectos inútiles¡ en una muestra incontrovertible de que la mayor parte de la conducta humana depende de la cultura heredada y transmitida socialmente y no de los genes.
Con esta tecnología notable y con unos cerebros superiores por primera vez los homínidos rompimos el cordón umbilical que nos unía a nuestra tierra de origen (África) para comenzar la conquista del mundo mediante una serie de oleadas que se extendieron durante cientos de miles de años hacia Asia, Indonesía y Europa. “Esta primera migración humana condujo a la diferenciación de dos linajes descendientes de Homo ergaster: Homo erectus en Extremo Oriente (China, Java) y Homo antecessor/Homo cepranensis en Europa (España, Italia)”[17].
Nosotros (Homo sapiens sapiens) descendemos de algunos de estos hombres primitivos, o quizá de alguno que aún no conozcamos, porque a diferencia de otros homínidos como el Boisei nuestros antepasados de la línea homo no estaban especializados a ningún hábitat ni alimentación en particular; el éxito de la dieta especializada del Boisei (semillas y tallos de fibra dura a juzgar por su dentadura y las fuertes mandíbulas) en un momento dado represento su mayor fracaso al encerrarlo en un callejón sin salida evolutivo que lo condujo a la extinción cuando las condiciones medioambientales que aseguraron su éxito se convirtieron en su contrario. Mientras que el género homo, que al parecer se encontraba en éste periodo al borde de la extinción dadas las duras condiciones ecológicas y su carencia de especialización alimentaria, tuvo que adaptarse perfeccionando y creando herramientas, transformando su entorno, produciendo sus propios alimentos y convirtiéndose progresivamente en un animal más social lo que a la larga aseguraría su absoluta supremacía no sólo con respecto al resto de los homínidos sino incluso a la naturaleza misma. Como dice
A propósito el comportamiento social y cooperativo demuestra que el egoísmo y la competencia son esencia de una sociedad dividida en clases y especialmente de la sociedad capitalista y no de la humanidad en sí. Si algo demuestra el estudio de la genealogía humana es que la “naturaleza humana” tiende mucho más a la cooperación que a la competencia y el egoísmo, emanaciones propias de la sociedad de clases específicamente el capitalismo.
Paleolítico Medio (estadio medio del salvajismo)
El destino trágico del Neandertal, el papel del lenguaje
A pesar de que el surgimiento del erectus representó una verdadera revolución también significó una etapa de extremo conservadurismo en la evolución del hombre, expresa el salto dialéctico que abre una etapa de calma y estancamiento en la tecnología y el desarrollo de la capacidad cerebral que durará nada menos que ¡un millón de años¡. Aquí vemos un ejemplo magnífico de la vinculación dialéctica de calma y revolución. En sí mismo este hecho es una expresión de la dialéctica en donde largos periodos de tiempo, donde aparentemente no pasa nada, son escenario de la acumulación de pequeños cambios que preparan un nuevo salto brusco y repentino. En biología a este proceso se le conoce como “equilibrio interrumpido” y en el pensamiento dialéctico a este patrón de desarrollo se le conoce como “transición de la cantidad a la cualidad” Hegel, en su Lógica, lo llama “medida”. Este aspecto dialéctico de la evolución biológica es hoy generalmente aceptada por los biólogos, explicada por el recientemente desaparecido y afamado biólogo Stephen Gay Gould. Incluso el mismo Marvin Harris, quien lamentablemente considera a la dialéctica como mera palabrería, a tenido que aceptar, no sin las clásicas reservas escépticas, la pertinencia de la teoría dialéctica de Gould: “A medida que se han ido acumulando más datos sobre la historia evolutiva del H. erectus, el modelo alternativo “discontínuo” ha ido cobrando plausibilidad”[18]
El largo periodo de 2 millones de años anterior al surgimiento del homo sapiens es conocido por los antropólogos como paleolítico inferior y se caracteriza por primitivos instrumentos de piedra conocidos como olduvaiense del Habilís y la acheliense del erectus. Durante todo este periodo las fuerzas productivas tuvieron un desarrollo relativamente lento que iba aparejado a la evolución biológica; no obstante hace aproximadamente 250,000 años surgieron simultáneamente homo-sapiens arcaicos tanto en Africa como en Europa e incluso se han encontrado especimenes mas antiguos de cerca de 35,000 años en China (Java) los cuales tenían una capacidad cerebral que lindaba con la del hombre actual (1,500 cc) cuando no estaba dentro de los parámetros modernos pero que aún conservaba algunas características óseas similares al erectus; a estos hombres se les conoce como homo sapiens arcaico o simplemente homo sapiens para diferenciarlos con el actual homo sapiens-sapiens.
En Europa estos hombres arcaicos anteriores dieron lugar, hace 130000 años al más famoso y más estudiado de los hombres arcaicos conocido como el Homo Neandertalensis especie adaptada a los duros y fríos climas de la última glaciación, son los primeros hombres en conquistar los climas helados de las últimas glaciaciones, con cerebros (1600 cc) incluso mayores que los hombres modernos –si bien con cuerpos más robustos-. El salto cualitativo en relación a la etapa anterior es expresada por Marvin Harris con las siguientes palabras: “Si, además de nuestro género, existe algún aspirante al despegue cultural, este es el hombre de Neandertal, una especie extinguida de cuasihumanos que apareció en Europa y Oriente hace cerca de 100.000 años”[19] El hombre de neandertal significó otro punto de ruptura en la evolución humana y aún existe debate entre los antropólogos de si el neandertal representa un eslabón que conduce al homo sapiens-sapiens o representa a una rama diferente de la del homo sapiens-sapiens, la segunda opción parece ser la que cuenta con más adeptos; “análisis del ADN mitocondrial (ADNm) de fósiles de H. neanderthalensis sugieren que la diferencia existente es suficiente para considerarlos como dos especies diferentes, separadas desde hace al menos 400.000 años y probablemente más[20]”. Lo importante es que éstos hombres arcaícos –especialmente el neandertal- llevaron adelante una revolución tecnológica -que abriría lo que se conoce como paleolítico medio- conocida como tecnología musteriense o técnica Levallois, consistente en un ingenioso método de fabricar herramientas de silex dándoles una forma de tortuga para crear hachas de mano; además entre sus útiles encontramos puntas, arpones y proyectiles; por primera vez se crean útiles compuestos de varias partes (como armas con mango); además de trabajar en hueso marfil y hasta. Con ésta tecnología lo neandertales eran capaces de especializarse en la casa de presas mayores como mamuts, renos gigantes, alces, etc. Sorprendentemente los neandertales, además de fabricababan mantas y ropa con pieles de animales, muy probablemente enterraban a sus muertos, tenían ritos funerarios (que incluían enterramientos con flores y alimentos) y fabricaban (aunque en muy pequeña cantidad, apenas y se han encontrado) adornos personales. No obstante éstos últimos datos, dadas sus implicaciones en cuanto a la conciencia neandertal y dado que es posible explicaciones alternativas ajenas a la voluntad de los neandertales, hay que tomarlos con reserva ya que seguramente poseían una capacidad de simbolización y abstracción que estaba, aún, por debajo del sapiens-sapiens.
El Neandertal rozaba una conducta de simbolización y abstracción propiamente humanos representando una revolución que pondría punto final a un millón de años de estancamiento. Los enterramientos (si es que se confirman como tales) sugieren por lo menos lazos sociales y emocionales extremadamente fuertes expresión de una caza extremadamente cooperativa, sin embargo, la casi inexistencia de arte y la dudosa evidencia de ritos funerarios –vinculados a una capacidad de abstracción e imaginación propiamente humanos expresados en la creencia de una vida después de la muerte- hace pensar que la capacidad de simbolización y abstracción estaba relativamente limitada en comparación con el sapiens-sapiens. Estudios polémicos de los cráneos de estos individuos, de tamaño de sus laringes, hace pensar que el neandertal poseía, además, una limitada capacidad vocal, más parecida a la del chimpancé que a la del sapiens-sapiens, que al mismo tiempo limitaba su capacidad lingüística íntimamente ligada a las funciones del intelecto[21] . Éste hecho pudo ser decisivo en la suerte de los neandertales.
El lenguaje humano tiene una capacidad única de abstracción, de separación mental de aspectos, propiedades y cualidades de los objetos que resulten importantes en un momento dado del desarrollo social; universalización que permite expresar el pasado el presente y el futuro y recrear mentalmente situaciones que no existen e ir más allá de lo concreto para transformarlo de una forma humana; dicha capacidad expresa el ser social humano y el conocimiento producido por la transformación de la realidad y la fabricación de herramientas. Aquí vemos de la forma más clara lo absurdo de las teorías idealistas y solipsistas del lenguaje humano. En realidad el lenguaje no crea el mundo (como creía absurdamente Wittgenstein) sino que, al contrario, el mundo social crea el lenguaje y es un instrumento para actuar sobre él y transformarlo. Como decía Engels en un punto crítico resulto que los hombres tenían algo que decirse y el Neandertal representa, en todo caso, los primeros balbuceos del lenguaje humano así como los balbuceos de los niños preparan el camino del habla adulta. La prueba de las limitaciones del Nandertal esta en el hecho mismo de su desaparición al término de la última glaciación (hace 35mil años) cuando los glaciares se retiraron y los neandertales no pasaron la dura prueba de la adaptación a un clima diferente. Es trágico el destino del neandertal porque durante el periodo que compartió la tierra con el sapiens-sapiens ambos compartían prácticamente la misma tecnología; sólo que el sapiens-sapien pudo adaptarse al cambio revolucionando de nuevo y dando el gran despegue cultural hace aproximadamente 40,000 años mientras que el neandertal no pudo superar la prueba. Quizá la clave esta en la capacidad vocal del sapiens-sapiens para generar más sonidos y, por tanto, un mayor potencial de comunicación social.
El nacimiento revolucionario del sapiens-sapiens: el triunfo de la cultura
El homo sapien anatómicamente moderno (homo sapiens-sapiens) surgió por primera vez en África hace más de 100,000 años y llegaría a Europa, pasando por Asia, poco antes de que el neandertal desapareciera. Generalmente se afirma que la presión de los sapiens-sapiens contribuiría a la extinción de los neandertales pero, en todo caso, esa presión debe entenderse aún en términos biológicos. Representarse al sapiens-sapiens como un asesino despiadado no se corresponde a la forma cooperativa en la que éstos vivían, esa visión tiene más que ver con la literatura que proyecta los valores modernos de competencia burguesas desenfrenada que con pruebas científicas. No hay evidencias de que el sapiens-sapiens tuviera entre sus presas de caza al neandertal que por el contrario estaba mucho mejor adaptado al clima glacial, era mucho más fuerte y resistente y contaba prácticamente con la misma tecnología (era más probable que el neandertal cazara al sapiens aunque tampoco hay evidencias de ello), su desaparición tuvo que ver más con su incapacidad de adaptarse al clima con nueva tecnología.
El hecho es que los sapiens-sapiens modernos representan ya una etapa en la cual los factores sociales, estudiados por el materialismo histórico, dominan a los biológicos, aún cuando, como se verá, los factores medioambientales, al menos durante todo el periodo de comunismo primitivo, eran factores de impulso fundamentales al desarrollo de nueva tecnología. La prueba de ello la tenemos en nuestros propios cuerpos. Nuestras características físicas como cuerpos gráciles, menor dimorfismo sexual(diferencias de tamaño entre machos y hembras), pequeños dientes frontales, cara situada hacia atrás bajo un cráneo de forma globular, mayor tamaño de la faringe capaz de producir los sonidos elementales de nuestro lenguaje; son el resultado de la selección natural actuando sobre la cultura como medio de supervivencia en la forma de hachas de mano, raspadores, lascas, cuchillos, lanzas, etc; el menor dimorfismo sexual puede explicarse, por ejemplo, como un peso mucho mayor en patrones culturales de carácter sexual que en la fuerza bruta del macho a la hora de la selección de pareja y el apareamiento; el resultado más contundente esta en el hecho de que desde entonces el tamaño del cerebro dejó de crecer mientras que la cultura se desarrollo exponencialmente. Esto muestra de que la explicación última de nuestra evolución no se encuentra ya fundamentalmente en factores biológicos sino en factores culturales como son el desarrollo de las fuerzas productivas. El hecho asombroso esta en que la selección natural actuaba sobre la cultura generando al sapiens-sapiens pero una vez que éste surgió la cultura tomo el lugar preponderante volviendo ésta relación dialéctica en su opuesto: ¡ahora la cultura dominaría a la naturaleza¡. El resultado es que la supervivencia no dependía ya de la selección natural (que era la impulsora principal de cerebros mayores) sino de la evolución de la fuerzas productivas, la supervivencia no dependía ya de la selección de genotipos expresados en características físicas (fenotipos) ventajosas sino en relaciones sociales basadas en fuerzas productivas; en ello esta la explicación de que el cerebro tamaño cerebral se estancara junto con las características físicas fundamentales.
El gran despegue cultural: El paleolítico Superior (estadio superior del salvajismo)
a) Las fases del paleolítico superior
Cuando el sapiens-sapiens fue puesto a prueba al final de la última glaciación el desarrollo de la cultura sufriría una aceleración exponencial en forma de espiral (dialéctica) sin precedentes que abriría el corto pero sustantivo periodo conocido como paleolítico superior caracterizado por una explosión cultural que iniciaría hace 40 mil años, su tecnología se caracteriza por un incremento repentino en el número y calidad en los útiles sobre hoja y el florecimiento en las herramientas de marfil, hasta y hueso. El hombre comenzaría a dominar el globo terráqueo, es la explosión cultural más importante antes de la revolución neolítica (si pasamos por alto el periodo preparatorio para el neolítico conocido como etapa mesolítica), las culturas se empiezan a manifestar en formas diferentes en función de su medio sobre una base similar con manifestaciones similares (mostrando que la base material determina en última instancia los patrones superestructurales); un factor muy importante en su surgimiento se encuentra todavía en condiciones medioambientales coyunturalmente favorables para la caza de grandes presas. “Hacia finales de la última glaciación, la región situada recibió torrentes de agua procedentes del deshielo que favorecieron el crecimiento de praderas en las que pastaban enormes manadas de caballos, bisontes, mamuts y renos. A medida que se retiraban los glaciares, se formaron enormes praderas vírgenes que fueron invadidas por estos animales y por los depredadores humanos que los perseguían; pero, sin que ellos lo supieran, su mutuo estilo de vida estaba condenado”[22] . Si bien existe un claro salto cualitativo éste fue relativo puesto que el modo de producción siguió siendo el mismo de millones de años atrás sólo que aquí encuentra su punto álgido, tal vez debamos decir que se trato del maximum de los cambios cuantitativos dentro del comunismo primitivo.
El paleolítico superior se divide en varias fases que se niegan dialécticamente; “Los arqueólogos dividen el Paleolítico superior en Europa occidental en varias tradiciones o culturas que se superponen” nos dice Marvin Harris “Las dos más antiguas se conocen con el nombre e chaltelperronianense y auriñaciense, que se inician entre el 40000 y
El punto álgido del paleolítico superior fue representado por la cultura magdaleniense si bien la cultura auriñaciense tuvo la distribución más amplia de todas las culturas del paleolítico superior, la magdaleniense la superó en cuanto a calidad y virtuosismo “al repertorio de armas de caza se añadieron arpones cuyas puntas estaban hechas de asta y hueso. Finas agujas de hueso testimonian la probable importancia de ropas hechas a la medida. Para cazar, los primeros magdalenienses usaban el propulsor de lanzas, un corto bastón o tablilla con una muesca o gancho en el extremo (…) A finales del magdaleniense, probablemente, se usaba el arco y la flecha, tal como reflejan algunas pinturas rupestres de Francia y España. A menudo las puntas de flechas y arpones y los propulsores magdalenienses estaban decorados con grabados de caballos, íbices, aves, peces y dibujos geométricos, algunos de los cuales pueden ser notaciones que representan ciclos lunares y cambios de estaciones”[25].
La gran familia primitiva
Es momento de hablar un poco acerca de la familia y su evolución histórica. La estructura y evolución de la familia esta determinada en última instancia por el desarrollo de las fuerzas productivas que condicionan el incremento de la densidad poblacional, factor importante en la evolución de la familia prehistórica; el carácter nómada de la familia comunista; y, por otro lado, el surgimiento de la propiedad privada; en función de ello la familia presenta un proceso de evolución dialéctica en la cual la actual familia monogámica compuesta por la el padre la madre y los hijos, por lo demás en acusado proceso de descomposición, no es más que el eslabón último, producto de la división de la sociedad en clases, que está destinado a desaparecer junto con la sociedad dividida en clases.
Podemos decir que durante toda la época prehistórica las formas de familia predominante en el homo sapiens-sapiens indignarían al mojigato defensor de la familia monogámica pues aquí dominan los “matrimonios por grupo” formas de familia en las que un grupo entero de hombres son conyugues comunes de un grupo entero de mujeres y a la inversa (aunque , al mismo tiempo, este hecho no descarta la existencia de parejas de cierta duración, aún cuando esta relación de pareja no fuera el núcleo de los lazos familiares); toda la estructura doméstica y social esta determinada por los lazos de parentesco que se derivan de estos “matrimonios comunes”; en ellos no había una muralla infranqueable entre lo público y los privado. El clan entero se componía de una o varias generaciones de familias enormes. Estas formas de matrimonio determinaban, entre otros factores que pasaremos a examinar más adelante, el status de el hombre y la mujer en la sociedad y el hecho de que las relaciones entre los sexos en el comunismo primitivo nunca hayan sido tan igualitarias (relativamente) que en cualquier otra época de la historia. Las formas de familia pasan por una serie de etapas históricas, deducidas del estudio de pueblos primitivos contemporáneos, que fueron llamadas por Morgan familia “intercambio sexual sin trabas”, “consanguínea”, “punalúa” y “sindiásmica”, antes de decantar en la familia monogámica como producto de la división de la sociedad en clases. Con el aumento progresivo de la población de unidad familiar originaria, llamada por Morgan “Gens”(tribu primitiva), se divide para formar “fatrias” y las fatrias componer a las tribus como la de los iroqueses estudiadas por Morgan, dicha sucesión lleva implícitas la generación de tabues en la reproducción de ciertas clases de parientes.
Aunque es prácticamente nada lo que podemos decir de ello es muy posible que para hacernos una idea de la estructura social de los Australophitecus tengamos que mirar a la estructura social de los póngidos que salvo la posición erecta y el nicho ecológico-factores que resultarían decisivos en el proceso de hominización- resultan prácticamente idénticos, la estructura social de la mayoría de los póngidos esta regida directamente por la biología, en donde encontramos al macho dominante y su “harem” y los periodos de celo como factor determinante en la reproducción; aquí la fuerza del macho es el centro de los lazos “familiares”, el macho dominante tiene el “derecho” de reproducirse con todas las hembras de la orda y los machos subordinados no tienen derecho a la reproducción hasta que no se lo ganen por la fuerza. Esta hipótesis se ve fortalecida por el hecho de que el Australopithecus aferensis “como la mayoría de los póngidos vivos, presentaba dimorfismo sexual. Las hembras pesaban alrededor de
¿Intercambio sexual sin trabas?
Con el surgimiento del género homo que ye hemos analizado los factores culturales en el emparejamiento empiezan a cobrar preminencia progresiva sobre las consideraciones puramente biológicas. El periodo que abarca el paleolítico inferior o fase inferior del salvajismo es la etapa en la que nos encontramos con homínidos carroñeros y eventuales cazadores que se encontraban al borde de la extinción, observamos a una población desperdigada en bandas de unos cuantos miembros a través de la sabana africana, los grupos pequeños debían realizar grandes desplazamientos, dichos desplazamientos implican que las oportunidades de contacto sexual entre diferentes bandas de los primeros homínidos eran muy reducidas, ello implica que la reproducción tenía que darse al interno de dichas bandas que en realidad constituían una unidad de lazos consanguíneos; el proceso social de reparto de la carne a los niños, mujeres embarazadas y ancianos determinaba que en el ceno de estas bandas los lazos fueran muy estrechos y que la banda fuera una unidad social de supervivencia, económica y reproductiva. En este contexto, para optimizar las posibilidades de sobrevivencia, no podían existir limitaciones biológicas en torno al intercambio sexual, es muy posible que existiera un “comercio sexual” sin restricciones incluso entre padres e hijos (la terminología de parentesco carecía por completo de sentido). Si la población estaba al borde de la extinción no podían existir barreras culturales entre la reproducción entre sujetos en edad reproductiva, la supervivencia exigía que no existieran tales prejuicios, o mejor dicho, la f







