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Irán: para derribar al régimen es necesario organizar Shoras (comités) que coordinen la lucha en el campo y la ciudad
Escrito por:
Edén Alcíbar Un Estado en crisis
El Estado Iraní cada vez es más débil e inestable, las presiones de las masas han ocasionado grietas y fisuras cada vez más grandes en la clase dominante de los Mulás (casta de clérigos islámicos que controlan y dirigen al Estado) La lucha entre las facciones “reformista” y “conservadora” cada vez tiene un carácter más agudo. Esto no se debe a que sus intereses de clase sean distintos, sino a que no pueden unificar criterios para contener a las masas.
Las medidas del régimen para controlar a los “reformistas” han subido cada vez más de tono. El ayatola Alí Jamenei (máximo dirigente religioso y del Estado iraní) amenazó con que a los líderes reformistas se les acusaría de ser “enemigos de Dios”, pena para la cual el castigo es la muerte. Conforme las movilizaciones han arreciado las amenazas se han convertido en hechos, la policía detuvo a varios familiares de Rafsandjani, -otro dirigente reformista- aunque después los liberaron. Después de la movilización del 27 de diciembre el parlamento se reunió para discutir la posibilidad de arrestar a los dirigentes de esta facción, lo cual no ocurrió pero son muestras de hasta donde han llegado las divisiones en el ceno del Estado.
La versión oficial indica que entre el 9 y 10 de diciembre murió por acusas naturales un dirigente histórico de los “reformistas”, el ayatola Hossein Ali Montazeri. No está descartado que su muerte haya sido producto de una conspiración palaciega de los conservadores. Históricamente ocurre que cuando una clase dominante se siente perdida, busca medidas desesperadas, ajustando cuentas con los de su propia clase, esperando que esto surta algún efecto que los salvaguarde, las más de las veces esto sólo aumenta su división y acentúa su debilidad.
En diciembre pasado se han protagonizado las que hasta ahora han sido las jornadas de lucha más radicales desde la revolución Iraní de 1979. Los dirigentes reformistas no han tenido más remedio que asistir y dirigir hasta donde les ha sido posible un movimiento cada vez más seguro de sí mismo. En el calor de la represión contra la manifestación, cayó asesinado el sobrino de Musavi, uno de los dirigentes “reformistas” más importantes. Una declaración de Mousavi al respecto de la represión hacia los dirigentes reformistas es bastante elocuente y da cuenta de los verdaderos protagonistas de la revolución iraní: “Digo claramente y en forma explícita que las órdenes de ejecutar, matar o encarcelar a Karubi (otro líder “reformista”) a Musavi o a gente como nosotros, no resolverá nada”. Estas palabras expresan el verdadero fondo de la lucha que hoy se está librando en Irán, la revolución no es obra de ningún dirigente en particular, si no producto de las masas que están dispuestas a cambiar su situación.
La lucha de clases adquiere un carácter semi-insurreccional
Las celebraciones de Ashura de los días 26 y 27 de diciembre son tradicionalmente una manifestación religiosa del islam, en esta ocasión se convirtió en una demostración de los alcances del movimiento revolucionario. El día 26 de diciembre se realizaron manifestaciones a nivel nacional, pero fue el 27 en Teherán, la capital de Irán, donde las movilizaciones adquirieron un carácter semi-insurreccional.
En un artículo publicado en www.elmilitante.net se relatan de la siguiente manera los hechos del 27 de diciembre: “Muchas calles, especialmente en las zonas céntricas de Teherán, fueron ocupadas por la población y aún siguen bajo su control. La gente comenzó a ocupar comisarías de policía y de Basij (cuerpos parapoliciales) en diferentes ciudades de Irán, incendiaron algunas e intentaron en otras conseguir armas… El corresponsal de Jaras informa de la intensificación de los enfrentamientos en Teherán y como la policía ha perdido el control de muchos barrios. Los comandantes militares han pedido a sus fuerzas en el centro de Teherán que disparen directamente para dispersar a los manifestantes, pero los agentes se están negando a cumplir esa orden, provocando disputas entre los policías y los comandantes”. Las masas comprenden que para vencer es necesario enfrentarse con algo más que piedras, cómo lo han hecho hasta ahora, los intentos de asaltar las comisarías son ya un primer desafío al corazón del régimen, su aparato represivo. El hecho de que la tropa de la policía se haya negado a disparar es un fenómeno también propio de las revoluciones que han adquirido un cierto grado de madurez.
Las movilizaciones de diciembre son un indicador claro de que el sector más activo de las masas está dispuesto ha llegar hasta el final en esta lucha, y que la influencia de los reformistas va perdiendo terreno entre este sector. Pero esto aun no ha sido suficiente para derrocar al régimen de Jamenei y de Ahdmadinejad. ¿Qué es lo que ha faltado?
El papel de la juventud y la clase obrera
El papel de la juventud ha sido clave dentro de la lucha, esto no es raro si consideramos que dos tercios de la población en Irán son jóvenes, la mayoría de ellos con empleos precarios o condenados al desempleo orgánico. La juventud ha expresado de forma radical las aspiraciones del conjunto del proletariado Iraní. Una de las consignas más coreadas por las manifestaciones son “Muerte al dictador” y “¡Muerte a Jamenei!” que expresan la falta de confianza por llegar a algún acuerdo o pacto con el régimen.
Por otro lado la clase obrera iraní, desde antes de haber estallado las movilizaciones en junio de 2009, tenía una posición más clara del papel de los reformistas y del proceso electoral, diferentes sindicatos, algunos de los más combativos como el de conductores de autobuses, decidieron no participar en las elecciones en tanto que las consideraban correctamente una maniobra del régimen para legitimarse. Pero después de que estallaron las movilizaciones masivas, han protagonizado algunas huelgas y paros destacándose, por ejemplo, el realizado en la automotriz de Khodro que emplea a cerca de 100 mil trabajadores en diferentes plantas, la cuál paró media hora en cada turno el 18 de junio pasado. Posteriormente han realizado huelgas el sindicato de trabajadores de la caña de azúcar de Haft Tapeh, que a pesar del encarcelamiento de la dirección siguieron adelante con la huelga; productores de Mango realizaron movilizaciones por falta de pagos, por las mismas razones se manifestó la fábrica Zagros de automóviles y la fábrica de textiles Kerep-Naaz se puso en huelga durante tres días.
Si bien hasta ahora las huelgas no han sido masivas ni unificadas, si reflejan el potencial que existe para que la lucha se extienda hacia las fábricas por medio de paros, huelgas e incluso la huelga general. Sin ser esquemáticos hasta cierto punto es normal que la juventud sea el destacamento de avanzada en la lucha, hay que considerar que los sindicatos en Irán han tenido que bregar durante años con condiciones laborales paupérrimas, ilegalización y represión salvaje. Puede ser que hasta cierto punto entre una capa de activistas sindicales haya algo de rutinario y escéptico en esta lucha, pero en todo caso el proceso apunta a que esto será temporal y la clase obrera terminará por integrarse de forma más plena a la lucha.
La juventud ha protagonizado importantes enfrentamientos con la policía que sin duda han puesto a temblar a la clase dominante, pero la clase obrera sigue siendo el sector más decisivo de entre los explotados, por el papel que juega en la producción, aunque por el momento las huelgas son pocas en número, agregan un elemento cualitativo muy importante, porque de extenderse en número y cohesión, no sólo estrujarían al régimen si no que podrían ser la clave de su caída. Tal como ocurrió en 1979, la huelga de los petroleros fue la clave para la caída de la dictadura.
Las condiciones para la caída del régimen de los Mulás están dadas, por ahora la clase dominante es incapaz de recomponer su unidad y lograr que la represión surta el efecto de paralizar o detener el movimiento revolucionario. Pero desafortunadamente no basta con que la debilidad del Estado haya alcanzado un punto crítico, en tanto las acciones del proletariado no tengan una cohesión mayor, el régimen puede seguir oscilando como en un terremoto; puede seguir fracturándose, incluso demolerse en algunas de sus partes, pero seguir manteniendo en pié su estructura fundamental.
El imperialismo norteamericano está muy temeroso de lo que podría resultar en caso de que el régimen de Ahdmadinejad pudiera caer, ellos tratarían por todos los medios de impulsar a los reformistas para que estos usurparan el poder, recogiendo los frutos de la lucha revolucionaria. Pero que lo pudieran lograr fácilmente es incierto, debido a las presiones de los verdaderos protagonistas de la lucha: la clase obrera, el campesinado pobre y la juventud.
El problema fundamental es que el proletariado por ahora carece de un medio de cohesión más eficaz, las movilizaciones siguen teniendo un carácter semi-espontáneo, y esto debilita al movimiento, el proletariado necesita de los Shoras, los comités a los que les dio vida en la revolución de 1979 y que fueron claves para derribar al régimen. El péndulo de la lucha de clases se encuentra del lado del proletariado, la resistencia y la capacidad de organización de la clase obrera serán fundamentales para el futuro de la lucha, el rumbo de la revolución es ascendente, pero en tanto no exista una dirección consecuente con los intereses del proletariado al frente del movimiento, los zig-zag a izquierda y derecha serán inevitables, así como periodos de avances, retrocesos y periodos de impasse.
Fecha:
20 enero 2010 














