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Honduras: La disyuntiva de la revolución no es democracia o dictadura, sino capitalismo o socialismo

Escrito por: 
Samuel Santibáñez

Han pasado 35 días desde que estallara intempestivamente una revolución social en Honduras. Los acontecimientos se desarrollan a velocidad de relámpago. Las masas se han mantenido en las calles con una energía revolucionaria impresionante. La represión ha actuado como látigo de la contra revolución y lejos de atemorizar al movimiento, lo ha llevado hacia adelante, ha enardecido a más y más sectores de la población, la salvaje represión del jueves 30 de julio fue respondida el 31 de julio con una enorme manifestación en todo el país.

El maestro Roger Abraham Vallejo de 34 años, fue herido de bala en la cabeza y tras debatirse entre la vida y la muerte, finalmente falleció dejando a una hija de 19 meses. El candidato presidencial independiente, el veterano sindicalista del STIByS[1], Carlos H. Reyes, fue reprimido con dos fracturas en el brazo y serias contusiones en todo el cuerpo, ya estando en la celda de la cárcel, a pesar de haberse identificado como candidato presidencial, o mejor dicho, por haberse identificado como tal, Carlos H. Reyes fue brutalmente reprimido, lo mismo que centenares de heridos que pusieron en colapso a los escasos servicios públicos de salud. Se ha implantado el toque de queda en todo el país, se han llenado las cárceles de la noche a la mañana. Estando los compañeros en las celdas saturadas, ya detenidos, los militares arrojaban bombas lacrimógenas al interior de las celdas. Los dirigentes del Frente Nacional contra el golpe de estado[2] (FNGE), Juan Barahona y Rafael Alegría fueron apresados pero liberados horas después por la presión internacional. El 30 de julio, las imágenes de canal 36 local, daban cuenta de una desesperada represión absolutamente incapaz de amedrentar a un heroico pueblo decidido a llegar hasta las últimas consecuencias. Un pueblo desarmado, enardecido, las masas haciendo política en las calles, una auténtica revolución social que ha trastocado todo el orden burgués y ha conseguido exactamente todo lo contrario a lo que la oligarquía y el imperialismo buscaban con el golpe a Zelaya.

El Paraíso en el infierno

En un intento de breve resumen, tras haber fracasado el intento de entrar por avión a Honduras desde Estados Unidos el 5 de julio —cuando fue asesinado el joven de 19 años Obed Murillo—, el movimiento se ha mantenido días tras día con manifestaciones y movilizaciones masivas, la dirección del FNGE se reúne todos los días por la mañana, discute los pasos a seguir y da una orientación general al movimiento; en las asambleas también correctamente ha implementado servicios de orden que han conseguido desenmascarar a policías infiltrados. En las asambleas transmitidas por Telesur, se observa un ambiente combativo, de confianza, de elevada moral revolucionaria de lo mejor y más avanzado del movimiento obrero y del campesinado pobre hondureño. Zelaya hizo un recorrido por Guatemala, Panamá, estuvo cuatro ocasiones en Estados Unidos, se reunió con Clinton, quien ofreció la “mediación” del presidente de Costa Rica, Oscar Arias. En el inter, fue asesinado en su casa por bandas armadas y como una forma de intento de amedrentación a la dirección del FNGE—, el compañero Roger Bados, quien era miembro del Partido de Unificación Democrática y del Bloque Popular en San Pedro Sula en donde también fue presidente del sindicato de una empresa cementera.

El caso de El Paraíso es una página heroica de esta historia. Cuando Zelaya anuncia que entraría por tierra en la frontera con Nicaragua, una ola de activistas del movimiento, maestros, estudiantes, campesinos, de Tegucigalpa, de Olancho, de otras provincias, los más pobres de los pobres, hicieron una larga caminata de hasta cuatro días por las veredas, los cerros, las montañas, bajo la lluvia recibiendo apoyos e información de los campesinos locales; hay testimonios recogidos por VTVenezolana que dan prueba del colosal proceso de toma de conciencia entre la población trabajadora de Honduras. Lo mismo que hicieron para llegar desde las provincias hacia Tegucigalpa cuando —Zelaya arribaría en avión—, ahora lo hicieron pero dirigidos hacia la frontera con Nicaragua: tomando agua de los ríos, comiendo frutos silvestres, durmiendo bajo la intemperie, hablando en voz baja, evadiendo los retenes, hombres y mujeres caminaron, caminaron y caminaron, para recibir a Zelaya. En la frontera, Micheletti impuso toque de queda en prácticamente todo el día. Zelaya ingresó a El Paraíso entre vítores de las masas, pero tras las amenazas de parte de los golpistas, regresó a Nicaragua.

La operación se repitió más de una vez, acompañada de las declaraciones de Hillary Clinton respecto a la “imprudencia” de Zelaya de intentar ingresar a Honduras. Llegado a un punto, el ejército rodeó a los manifestantes y sobrevino una represión salvaje incluidas vejaciones sexuales a las camaradas, llegando los golpistas a habilitar un estadio local como cárcel para concentrar a los compañeros quienes por días no tuvieron ni la posibilidad de acceso a los servicios sanitarios, ya no digamos a la comida. La Primera Dama como popularmente se le conoce a Xiomara de Zelaya —que en estos 35 días ha sufrido una profunda transformación política encabezando las manifestaciones y haciendo discursos democráticos—, jugó un papel primordial en la liberación de la mayoría de los presos de El Paraíso, a decir de un compañero activista del Frente: “la Primera Dama se fajó” y logró la presión necesaria para la liberación de la mayoría de los presos de El Paraíso, sin embargo, hasta la fecha hay un número indeterminado de desaparecidos y compañeros que siguen encarcelados. El caso de Pedro Muñoz quedará en la memoria de El Paraíso: joven de 23 años, activista del FNGE en la comisión de Orden, Muñoz fue salvajemente torturado y asesinado con más de 40 cuchilladas, con los dedos rotos y contusiones en todo el cuerpo, apareció abandonado en un lote baldío en la zona donde se celebró la manifestación el día anterior; es decir, el asesinato de Muñoz es una claro mensaje de los golpistas: hemos habilitado a bandas armadas con autorización de matar impunemente, que circulan por las calles pendiendo amenaza permanente a los dirigentes y activistas del FNGE.

Es decir, si el movimiento es derrotado, la sangre de lo mejor del pueblo hondureño correrá a cántaros, así como sucedió en los años ochenta durante las dictaduras militares. Sin embargo, al día de hoy, condicionalmente esta perspectiva no es la más probable por una serie de factores que más adelante apuntamos. Debemos seguir luchando nacional e internacionalmente para que esto nunca más vuelva a suceder, ni en Honduras ni Irán ni en ningún otro país. Por eso es imprescindible concentrar, coordinar y administrar las fuerzas, evitando al máximo la dispersión y desgaste del movimiento, esto es una cuestión de vida o muerte.

En la manifestación del 31 de julio, el ejército lanzó gases lacrimógenos en Santa Rosa de Copán obligando a los manifestantes a refugiarse en los cerros; en Santa Bárbara también reprimieron y encarcelaron a decenas de maestros; entre tanto en Tegucigalpa por la vía Juan Pablo Segundo y hacia el Congreso nacional, una inmensa manifestación se desplegó en un escenario festivo-combativo de colosal intensidad. Las masas bailaban alegres delante de las fuerzas represivas, eso indica un grave problema para los golpistas: las masas han perdido el miedo. La represión no es útil ni suficiente y esto se da cuando el régimen golpista en realidad sólo se sustenta en la policía y el ejército, es decir en la represión.

El plan Arias fracasa

Como previmos[3], el plan Arias, también conocido como plan de San José, era una trampa y afortunadamente, fracasó. Los siete puntos del plan Arias eran una indignante propuesta de claudicación por parte de Zelaya, que incluía un gobierno de coalición o “salvación nacional” ¡con los propios golpistas! Y por supuesto una garantía de amnistía para los representantes de la oligarquía. Oscar Arias dio el mismo trato a los golpistas que a Zelaya, difícilmente era posible proponer un plan más favorable a los golpistas, sin embargo, significativamente no fue aceptado por Micheletti, lo que produjo el espasmo de Washington ya que el rechazo al plan Arias vino a complicar todo el escenario. El plan de San José de Costa Rica fue aceptado por Zelaya, y el hecho de que fuese rechazado por los golpistas puso en entredicho al elocuente título de premio nobel de la paz, dejándolo en un absoluto ridículo.

Zelaya intenta ingresar por tierra desde la frontera con Nicaragua, en la población El Paraíso, llamando enormemente la atención de la Comunidad internacional. Las manifestaciones de masas no sólo no paran, no merman, no se desgastan, sino que se incrementan, se fortalecen, el paro nacional si bien no ha incluido formalmente el sector industrial, ha sido contundente en el sector público y en el estudiantil. Clinton apostó al desgaste del movimiento buscando ganar tiempo a través del plan Arias, pero la encomienda no pudo ser cumplida. Arias está desprestigiado y Washington de algún modo intentará lavarle la cara.

Así que los días corren, la represión no ha hecho sino engrandecer al movimiento sumando a más sectores de la población trabajadora; la economía se desgasta: empresas maquiladoras como Nike y Adidas han anunciado su retiro del país; las exportaciones hondureñas están bloqueadas; el turismo llevado prácticamente a cero; están detenidas las inversiones extranjeras y nacionales; aunque no se ha devaluado aún, hay presiones devaluatorias a la lempira; y por si fuera poco, misteriosamente el mercado principal de Tegucigalpa es incendiado totalmente. La falta de víveres básicos y gasolina es ó será inevitable. Paralelamente, las tropas de la policía y el ejército se desgastan y se “contaminan” del ambiente del movimiento. Al quemarse el cartucho Arias, tuvo que entrar en escena el embajador estadounidense en Honduras, Hugo Llorens —un halcón de ultraderecha, para intentar un acuerdo con Zelaya en la embajada hondureña en Nicaragua, el encuentro tuvo tres horas de duración. Esta reunión fue un golpe diplomático importante a los golpistas a quienes también retiraron la visa estadounidense. Sincronizadamente, la Unión Europea intensifica las sanciones comerciales y diplomáticas al régimen Micheletti.

Está claro que el régimen golpista significa un intenso dolor de muelas para la región centroamericana y por tanto la situación, tal como está, no puede prevalecer por mucho tiempo más. En la medida que los golpistas no ceden, significa que mantienen el apoyo de Washington, que juega a doble carta, con Zelaya y con Micheletti. La salida deseada de Washington es el “gobierno de salvación nacional” que incluya a los golpistas. Incluso si Zelaya vuelve a ceder —como ya lo hizo en respuesta al plan Arias— la última palabra en este momento no la tiene Zelaya sino el pueblo luchando en las calles que no lo aceptaría de ningún modo, ya que el grueso del movimiento no sólo está por el retorno de Zelaya sino por la instalación de la Asamblea Constituyente. Así, el hipotético “gobierno de salvación” impulsado por Washington, sería profundamente convulsivo e inestable y si abordamos seriamente el punto, no tendría sentido alguno, pues sería vigente sólo hasta enero 2010. En pocas palabras, es altamente improbable que se materialice a un acuerdo de gobierno de “salvación nacional” que incluya a los golpistas.

¿Cuál es el camino a seguir?

Pero, si los golpistas ceden al retorno de Zelaya, implicaría un triunfo contundente de las masas que aportaría consistencia y fortaleza al proceso de revolución continental. Esto es el peor escenario para el imperialismo y a toda costa tratará de evitarlo, intentando maniobrar de mil maneras para prolongar la situación hasta las elecciones, tratando de adelantar su fecha e instalar un régimen amigo o por lo menos, no hostil.

En la medida que Zelaya continúa esperanzado en Estados Unidos, cualquier salida coordinada con Washington encerrará una trampa para las masas. En este proceso no puede haber términos medios y cualquier término medio tarde o temprano llevaría a la revolución a la derrota. Zelaya debería romper con el imperialismo y posicionarse definitivamente con el pueblo hondureño y con los países del Alba, pero eso implicaría iniciar un proceso de ruptura con el capitalismo, pues como hemos explicado, la disyuntiva de la revolución no es democracia o dictadura, sino: capitalismo o socialismo. Hasta ahora, Zelaya está más en el espectro de Clinton que en el de Chávez, pero eso podría cambiar, no está descartado. Algunos medios informativos progresistas aplauden el abrazo y pose para la foto —que por cierto buscó ostensiblemente el embajador estadounidense— entre Hugo Llorens y Zelaya, pero en realidad la aproximación de Zelaya con Estados Unidos, esconde un peligro para el desenlace de este capítulo al que asistimos en la revolución hondureña. Más allá del supuesto espaldarazo diplomático de Estados Unidos a Manuel Zelaya, la aproximación de Llorens es un indicador del fracaso del plan Arias y una maniobra dilatoria para tratar de seguir elongando los tiempos políticos, e intentar lograr a como dé lugar que Micheletti o algún sustituto se mantenga hasta las elecciones, sin que Zelaya regrese al gobierno, a pesar de la Llorens se llene la boca de “constitucionalidad”.  

El punto es entonces, que si los golpistas ceden, estará mal, si no ceden, también estará mal. Hagan lo que hagan estará mal. Esa es la encrucijada de la aventura golpista que no ha hecho sino extender la revolución latinoamericana llevándola a puerto hondureño. Ahora el movimiento tiene la balanza a su favor. ¡Hay que aprovechar el momento audazmente estallando la huelga general y agitando en el conjunto de Centroamérica! Porque las cosas no siempre se mantendrán favorablemente al movimiento, las cosas pueden cambiar rápidamente y convertirse en su contrario.

Por eso, en este periodo que la correlación de fuerzas suma a favor del FNGE, se debería impulsar con toda la energía posible: uno, el estallamiento de la huelga general en el sector industrial en San Pedro Sula y Choloma, y dos, impulsar también acciones coordinadas el mismo día a la misma hora en los países centroamericanos; huelgas generales de 24 horas en El Salvador, en Nicaragua, en Guatemala, serían posibles si el FNGE hace un llamamiento fuerte y claro en ese sentido y envía delegados del FNGE a los países centroamericanos a coordinar y extender la lucha; podría haber sorpresas incluso en Panamá y Costa Rica. La respuesta a la agitación del FNGE tendría sin duda un eco muy favorable en la base trabajadora del FMLN, del FSLN y llevaría adelante el proceso de lucha de clases en el conjunto de Centroamérica y particularmente en Venezuela, donde existe un total apoyo a la revolución hondureña. ¡Este es el camino a seguir! Una política internacionalista de independencia de clase que no concilie ni con la burguesía nacional ni con la internacional—, es una cuestión de vida o muerte de la revolución hondureña. ¡Ningún pacto con el imperialismo! Toda la heroica energía revolucionaria que se ha se demostrado por ejemplo, al trasladarse a El Paraíso, puede ocuparse en organizar clara y decididamente la huelga general y las acciones proletarias en el conjunto de Centroamérica. Hay que concentrar y administrar las fuerzas, no dispersarlas ni desgastarlas.

La revolución venezolana

La aventura golpista en Honduras ha desatado muchos demonios. Empezando por el juego geoestratégico petrolero[4], Venezuela es el cuarto productor del planeta y tiene —como país individual—, las reservas probadas más grandes del mundo. Por supuesto, Oriente Medio como región—, posee la producción y reservas más importantes del planeta, el 30 y 63 por ciento respectivamente. Por otro lado, América del Norte (incluido México) produce el 18 por ciento del petróleo, tiene el 5 por ciento de las reservas probadas, pero compra el 30 por ciento del total del consumo petrolero del planeta. Así, el transporte de petróleo desde Medio Oriente es una cuestión vital para la economía estadounidense. Al respecto, hay un pequeño problema: los súper tanques petroleros modernos no caben ni por el Canal de Suez ni por el Canal de Panamá, por tanto, para transportar el petróleo desde el Golfo Pérsico, hay que pasar por el Estrecho de Ormuz, dar la vuelta a toda África, pasar por el Atlántico sur, recorrer el Atlántico medio, llegar a el Mar Caribe y finalmente al Golfo de México, este recorrido implica por lo menos 45 días. Hacerlo desde Venezuela implica cinco días.

Pero para mala fortuna del imperialismo desde hace más de diez años, en Venezuela hay una revolución proletaria en proceso, con importantes avances pero aún inconclusa. Es inspirador lo que se está viviendo en Venezuela con las nacionalizaciones de sectores de la industria, con la creación de milicias populares[5], o actualmente la ofensiva contra la oligarquía a través de la Ley especial sobre delitos mediáticos, en donde el chavismo está respondiendo a la reacción ultraderechista que pretende destruir el avance de la revolución bolivariana.

Para el comercio del océano Atlántico al Pacífico, el Canal de Panamá es obsoleto. Así que hace falta renovar la comunicación interoceánica, ya que actualmente, dadas las restricciones en Panamá, para pasar del Atlántico al Pacífico, es necesario recorrer toda la costa de América, bajar por el Atlántico dar la vuelta en el Estrecho de Magallanes y subir por la costa del Pacífico; en este sentido, y considerando que Nicaragua lo tienen los sandinistas, Honduras es geoestratégica ya que tiene acceso al océano Atlántico principalmente a través del Puerto Cortés que da al Mar Caribe y, al océano Pacífico cuyos puertos importantes son: San Lorenzo y Amapala. Además, para el imperialismo, Honduras es estratégica porque la clase dominante hondureña ha sido tradicionalmente su aliada en los conflictos regionales, contra Jacobo Árbenz en 1954, contra los sandinistas en los años 80; de hecho Estados Unidos actualmente tiene una base militar en Honduras llamada Palmerola, con aproximadamente mil efectivos de reemplazo.

En Honduras la oligarquía tiene una tradición golpista con los militares ligados orgánicamente al Partido Nacional. En abril de 1980, las “elecciones devolvieron el poder a un gobierno civil después de 19 años de regímenes militares, con la sola excepción de un lapso de 10 meses entre 1971 y 1972. En una votación muy concurrida, el Partido Liberal ganó las elecciones por un margen sustancial. La votación reflejó claramente por un lado un rechazo hacia las Fuerzas Armadas y por otro lado reflejaron las esperanzas de que los liberales, después de haber estado fuera del poder durante 19 años, condujeran al país por una nueva vía. La realidad es que se dieron negociaciones entre los dos partidos y los militares antes de las elecciones, y esto ya había restringido severamente las posibilidades de maniobra del gobierno civil, aún antes de que asumiera el mando. A cambio de permitir que se llevaran a cabo las elecciones el alto mando del ejército exigió: que no existiera ninguna investigación sobre corrupción; el derecho de veto de las Fuerzas Armadas sobre todos los nombramientos a nivel de gabinete; y el control absoluto por parte de los militares de todos los asuntos relacionados con la defensa y la seguridad nacional. A partir de estas exigencias los militares hicieron un pacto con el Partido Liberal, que dio lugar a unas elecciones sin fallas y fraudes, con el beneplácito obvio de los Estados Unidos”[6]. Ambos partidos, el Nacional y el Liberal, son partidos de la burguesía y en distintos periodos se han compartido el poder dando una careta “democrática” a dictaduras militares. Zelaya emerge del Partido Liberal, lo mismo que Micheletti. De hecho Micheletti perdió las internas contra Zelaya en el año 2006.

Ahora la situación es distinta. En este periodo no existen condiciones para la instauración de una dictadura de largo plazo, pero la oligarquía añora los viejos tiempos y obtusamente cree que puede mantenerse por un periodo de años. El fantasma de la revolución venezolana ronda a Bolivia, Ecuador, Nicaragua, El Salvador y aunque en menor medida, también tiene un eco en Guatemala. Así que, las medidas de Zelaya respecto a su aproximación a los países del ALBA y las reformas como el aumento del 60 por ciento al salario mínimo, fueron medidas respaldadas por amplios sectores de la población y de inmediato pusieron en alerta a la obtusa oligarquía hondureña y al imperialismo, quienes intentaron apagar el fuego arrojando gasolina a la hoguera, a través del golpe.

La revolución hondureña está teniendo un impacto en toda la región y sin duda lo que se juega en Honduras, no es sólo la institucionalidad democrática de un gobierno elegido por los votos y derrocado por las armas del Estado burgués, el gobierno de Manuel Zelaya, sino todo un proceso de revolución continental.

El avance de la revolución latinoamericana hacia Honduras ha precipitado los planes del imperialismo en América del sur. Colombia es el punto geográfico en el que se basa Estados Unidos en su intento de frenar la revolución, el régimen de ultraderecha de Álvaro Uribe ha aceptado la instalación de cuatro bases militares más en el corto plazo. En mayo de 2004 se capturó sin disparar un sólo tiro a 53 paramilitares mercenarios colombianos en territorio venezolano —aproximadamente 80 más lograron escapar—, con uniformes y carnets de identidad venezolanos, que pretendían llevar a cabo un plan para asesinar a Hugo Chávez, aparentando un supuesto alzamiento del ejército venezolano y provocar un sangriento caos. En ese entonces, la maniobra imperialista usando mercenarios colombianos, fue audazmente desactivada por la inteligencia y ejército venezolanos, dando una muestra ejemplar de respeto a los derechos humanos de los paramilitares mercenarios colombianos. Por un largo periodo ha habido numerosos puntos de conflicto diplomático con tintes militares desde Colombia amenazando a Venezuela. En estos días el imperialismo pasa nuevamente a la ofensiva haciendo toda una serie de acusaciones ridículas en boca de Uribe, por ejemplo, diciendo que en Venezuela se financia al Hezbolá[7] y a las FARC colombianas. Chávez respondió inmediatamente “congelando” las relaciones con Colombia y poniendo en alerta a las milicias populares ante una eventual provocación militar desde Colombia. Este asunto de amenaza militar a Venezuela desde Colombia, seguirá dando tela que cortar y no son descartables saltos bruscos y repentinos en la situación. La tesis imperialista está concentrada en lo expresado por un ponente del Plan Colombia, Paul Colbert, citado por Walter Martínez en Dossier del 31 de julio 2009: “Para controlar a Venezuela [es decir, la energía, el petróleo, la riqueza], es necesario ocupar militarmente a Colombia”.

El tema del petróleo, pero fundamentalmente el avance de la revolución venezolana es la base material de la histérica respuesta del imperialismo y la oligarquía en Honduras, por tanto el Pentágono y la CIA no quitarán el apoyo a los golpistas, sino hasta que se vean llevados a las cuerdas producto de la lucha de las masas en las calles. Es imprescindible considerar que la lucha de las masas en las calles tiene un límite físico y moral, a pesar de su maravillosa capacidad de recuperación; es decir, para evitar que el desgaste del movimiento sea un factor de riesgo para la revolución, debe estallarse la huelga general que incluya al sector industrial y debe extenderse el conflicto a otros países centroamericanos, o de otro modo, la energía revolucionaria de las masas en las calles puede desgastarse en un momento determinado, lo cual encerraría el peligro de llevar al movimiento a perder la actual correlación de fuerzas favorable. ¡Hay que actuar rápido extendiendo la revolución a Centroamérica!

La naturaleza del régimen golpista

Incluso partiendo del escenario en el que se logre vencer al golpe —lo cual sin duda sería una victoria histórica—, las principales tareas de la revolución seguirían pendientes. Es decir, no basta con que vuelva Zelaya al gobierno. Esto lo tienen claro muchos activistas del movimiento y refleja un elevado nivel de comprensión del proceso. Como claramente lo ha explicado Carlos H. Reyes: “Esta es una lucha de clases, de pobres contra ricos, no se trata simplemente del retorno de Manuel Zelaya”, o Juan Barahona que declara: “El presidente Zelaya, una vez restituido, debe impulsar cambios profundos al modelo neoliberal, el movimiento seguirá presionando en tal sentido. Si el presidente Zelaya no se compromete en dichos cambios, no habrá servido para nada todo esto que estamos haciendo”. La historia ha colocado a los dirigentes del FNGE en una situación en extremo trascendente y por tanto, su claridad al respecto de la naturaleza del régimen, las perspectivas del movimiento y las tareas que se derivan de los grandes problemas teóricos del momento, serán de importancia de vida o muerte de la revolución hondureña. Miles de los mejores combatientes proletarios ven en la revolución no un instrumento para la sustitución de un amo por otro, sino más bien, en la concepción del “retorno de Zelaya” instintivamente ven a la revolución como un instrumento para el derrocamiento del capitalismo y la emancipación de la clase obrera y el campesinado pobre.

El marxismo explica que el Estado es una herramienta de opresión de una clase sobre otra y puede reducirse bajo determinadas circunstancias a un cuerpo de hombres armados en defensa de los intereses de la clase dominante. En tiempos “normales” el Estado se basa en las “instituciones”, el parlamento, las leyes, la iglesia, los medios masivos de comunicación, la prensa escrita y electrónica, la familia, la educación, los jueces, los tribunales, etcétera. A través de las instituciones, la clase dominante “moldea” el pensamiento, las ideas de las masas, reproduce su visión de la sociedad y son las ideas de la clase dominante las que dominan a la mayoría de la población trabajadora. Pero cuando las “instituciones” no funcionan, la clase dominante se ve en la necesidad de hacer uso de la represión directa, con cárcel, heridos, desaparecidos y muertos. Si el movimiento no está fundamentado, si las condiciones subjetivas en el terreno de la determinación de las masas para luchar no son lo suficientemente maduras, la represión puede amedrentar al movimiento, pero en Honduras se está demostrando lo contrario. Incluso en la policía ha habido manifestaciones de descontento, hubo una expresión organizada por un incremento salarial acordado con Zelaya, que no ha sido aplicado por Micheletti, además de que en la manifestación del 5 de julio, la policía no sólo se negó a reprimir a los manifestantes, sino participó en la logística del traslado de los heridos. Hay información no confirmada de posible inconformidad en el seno del ejército. El FNGE, muy correctamente ha transmitido permanentemente un discurso de clase a los soldados y la policía. La ruptura del ejército en líneas de clase es una posibilidad real.

La caracterización del régimen golpista no es una cuestión secundaria. Algunos actores del proceso como el combativo canciller venezolano Nicolás Maduro —que por cierto jugó un papel esencial en defensa de la revolución hondureña en el seno de la OEA denunciando la trampa del plan Arias—, han caracterizado al régimen golpista hondureño como “fascista”. Es cierto que mientras exista la sociedad capitalista, el arma del fascismo también existe como amenaza potencial para la clase obrera, pero en este periodo, caracterizar a los golpistas como “fascistas” sólo tiene una expresión coloquial justificable para deplorarlo. Sin embargo, desde el punto de vista del marxismo, el fascismo surgió como respuesta al crecimiento y desarrollo del bolchevismo, para detener el impacto de la revolución bolchevique en Europa. Explica Ted Grant que el capitalismo no sólo depaupera a la clase obrera y al campesinado pobre, arruina también a la clase media. La vieja maquinaria estatal no es suficiente para combatir a la clase obrera, en las condiciones actuales, ningún Estado puede durar mucho tiempo sin poseer una base de masas. Una dictadura militar no sirve para tal propósito. En los años que siguieron a la revolución bolchevique, los capitalistas encontraron una salida en el fascismo, que encuentra su apoyo de masas en la clase media y el lumpen-proletario, gracias a su demagogia anticapitalista. Es importante comprender que el fascismo representa un movimiento de masas: el de la clase media desilusionada. “La clase media, debido a su posición en la sociedad, está a medio camino entre los capitalistas y los trabajadores, se balancea entre estas dos clases. Si la clase obrera no puede mostrar una solución revolucionaria para la clase media, esta última se vuelve hacia la clase capitalista y se convierte en el principal pilar del movimiento fascista.” [8]

Trotsky explica que el fascismo es “antes que nada y sobre cualquier cosa, el aplastamiento de las organizaciones obreras: hay que reducir al proletariado a un estado de apatía completa y crear una red de instituciones que penetren profundamente en las masas, para obstaculizar toda cristalización independiente del proletariado. Es precisamente aquí donde reside la esencia del régimen fascista.”[9]

El golpe en Honduras ha puesto sobre la mesa duros enfrentamientos entre las clases, lo que puede derivar en cambios bruscos de los regímenes políticos mediante los cuales el capital financiero pretenderá mantener su dominio. El sector proletario del FNGE tendrá que ser muy cuidadoso y escrupuloso en la orientación que proporcione a las masas. La esencia de este periodo estará llena de cambios y fluctuaciones y por lo cual, será necesario examinar concretamente cada paso, sin que sean suficientes generalizaciones globales. “La gran importancia práctica de una correcta orientación teórica se manifiesta con más evidencia en las épocas de agudos conflictos sociales, de rápidos virajes políticos o de cambios abruptos en la situación. En esas épocas, las concepciones y generalizaciones políticas son rápidamente superadas y exigen su reemplazo total (que es relativamente fácil) o su concreción, precisión y rectificación parcial (lo que es más difícil). Precisamente en esos períodos surgen necesariamente toda clase de combinaciones y situaciones transicionales, intermedias, que superan los patrones habituales y exigen una atención teórica continua y redoblada. En una palabra, si en la época pacífica y ‘orgánica’ (antes de la guerra) todavía se podía vivir a expensas de unas cuantas abstracciones preconcebidas, en nuestra época cada nuevo acontecimiento forzosamente plantea la ley más importante de la dialéctica: la verdad es siempre concreta.”[10]

Explican los clásicos del marxismo que el bonapartismo es el dominio de la espada sobre la sociedad: una dictadura policiaco-militar, desnuda, el árbitro con espada. “Un régimen que indica que los antagonismos dentro de la sociedad se han hecho tan grandes que la maquinaria estatal, para ‘regular’ y ‘ordenar’ estos antagonismos mientras permanece como instrumento de los dueños de la propiedad, asume cierta independencia respecto a todas las clases. El régimen bonapartista puede lograr un carácter comparativamente estable y duradero sólo en el caso de que ponga fin a una época revolucionaria; cuando la relación de fuerzas ya ha sido puesta a prueba en batallas; cuando las clases revolucionarias ya están agotadas, pero las clases poseedoras aún no se han librado del terror: ¿no traerá mañana nuevas convulsiones? Sin esta condición básica, es decir, sin un agotamiento anterior de las energías de las masas en combates, el régimen bonapartista no está en posición de avanzar.”[11]

El bonapartismo en la fase de ascenso del capitalismo, se elevaba sobre la sociedad, suprimiendo y arbitrando los conflictos existentes dentro de la sociedad y regulando los antagonismos de clase. En esa época, los regímenes bonapartistas, por ejemplo el de Pinochet en Chile o Suharto en Indonesia que se prolongaron por todo un periodo histórico, eran fuertes y daban confianza al capital financiero pues conseguían cierta estabilidad basada en el desarrollo de las fuerzas productivas. Tal es la base material del llamado “milagro chileno” de la dictadura de Pinochet. “Pero el bonapartismo en la fase de declive del capitalismo también es afectado por la senilidad del sistema. Afectado por la crisis capitalista, no puede resolver ninguno de los problemas a los que se enfrenta. La crisis principal de la sociedad, el conflicto entre las fuerzas productivas, la propiedad privada y el Estado nacional, se ha hecho demasiado grande, los antagonismos de clase que eso engendra son tan intensos que sólo permite el ascenso del bonapartismo senil”[12]. Como consecuencia, sólo es posible un bonapartismo enfermizo y débil con toda su estructura defectuosa e inestable. Por lo cual muy probablemente sea derrocado en alguna de las crisis a las que se enfrente.

De la misma forma en que el embrión de una nueva forma de sociedad existe en las organizaciones obreras, también la posibilidad de bonapartismo está enraizada en la estructura de la sociedad bajo la democracia burguesa. El bonapartismo en la época moderna, por su propia naturaleza debe ser un régimen de transición, la transición al fascismo, la transición a la democracia burguesa o incluso a la revolución proletaria.

El régimen golpista en Honduras no es un régimen fascista y no apunta en este momento a que el fascismo pueda ganar terreno. El régimen golpista es un régimen Bonapartista senil de escaso margen de maniobra entre las clases, es decir, sólo se detiene por la fuerza de las armas y del apoyo financiero del imperialismo. La naturaleza del bonapartismo a diferencia del fascismo, es que éste último cuenta con una base social, que emerge de sectores atrasados e ignorantes de la clase media y el lumpen-proletariado, despertando sus prejuicios más básicos alimentando su psicología repitiendo miles de veces con una hipocresía sin límite, sinnúmero de mentiras descaradas. Podemos decir que la base social de Micheletti se evaporó desde los primeros días. Las manifestaciones blancas, sólo reflejaban un reducido margen de coerción, llevando a sectores de la población a las manifestaciones sobre la base de amenazas de despido. La base social convencida del golpismo es en extremo volátil, atrasada e ignorante. En estos días, incluso algunas televisoras otrora posicionadas con los golpistas, le están quitando el apoyo a Micheletti.

El carácter de clase de la revolución

El aparente “régimen democrático” del partido Liberal se despedazó con las medidas adoptadas por Zelaya llevándolo a una situación tremendamente inestable, lleno de convulsiones y crisis que encontraron un punto desbordante en el accidente de la “cuarta urna”. El golpe oligárquico auspiciado, financiado y sostenido por el imperialismo, no puede sostenerse indefinidamente. Teóricamente lo que está en juego es que el desenlace sea, uno: hacia la democracia obrera, es decir, el socialismo; dos: hacia algún tipo de democracia burguesa inestable. O tres: hacia la dictadura abierta del capital financiero a través del bonapartismo o el fascismo. Pero el escenario de la derrota de la revolución proletaria insuficientemente madura y prematura, con una profunda crisis revolucionaria con batallas en las calles, sin que la vanguardia proletaria tome el poder, dado el escenario internacional de crisis orgánica y recesión mundial, con revoluciones y contra revoluciones en toda una serie de países, la perspectiva no es hacia la consolidación del régimen bonapartista, mucho menos fascista, sino más bien hacia la reinstauración del dominio del capital financiero sobre bases “democráticas”. No existen condiciones para la instauración prolongada de dictaduras como en los años setenta, en Chile por ejemplo, con la victoria de Pinochet sobre Salvador Allende, en 1973.

Una perspectiva apunta a que partido Liberal se escindirá, esto le dará una formalización a las divisiones en el seno de la clase dominante, la burguesía. La fracción Zelayista del partido Liberal de hecho participa en el FNGE. Por otro lado, el movimiento obrero y campesino se ha unificado poderosamente demostrándolo en la práctica masivamente en las calles. Ahora sólo es posible trazar el bosquejo general. Es decir, tenemos a una burguesía liberal dividida y a una clase obrera unificada. Eso coloca en posición de ventaja al movimiento obrero. Es posible que ante el proceso electoral, Zelaya apoye al candidato independiente Carlos H. Reyes en las elecciones, si es que se llevan a cabo, esto sería un elemento favorable en la ecuación. Si en el desarrollo de los acontecimientos se funda un partido que emerja de la revolución, un partido conformado entre el movimiento obrero y la escisión del partido Liberal, su naturaleza de clase sería un tema de discusión fundamental. La fuerza del partido estaría en el sector obrero no en la escisión liberal. Hacer un Frente único entre el movimiento obrero y campesino con la escisión liberal, contra la dictadura oligárquica y el imperialismo, es una situación justificable, positiva y defendible durante esta coyuntura.

En la práctica esto es lo que ha hecho el FNGE estos 35 días. El tema fundamental radica en que, una cosa es enfrentar la coyuntura de la lucha contra la dictadura, y otra es el restablecimiento de las relaciones sociales de producción; no hay que confundir las bacterias con la enfermedad. Es decir, de no romper con el capitalismo, la contradicción capital – trabajo prevalecería, es decir, prevalecería la explotación de la fuerza de trabajo y todas las contradicciones del sistema capitalista. Lo que la revolución necesita no es la fusión orgánica del movimiento obrero y el campesinado pobre con la escindida y debilitada burguesía liberal, lo que la revolución proletaria necesita es una implacable política de independencia de clase. La defensa de la democracia burguesa, pasa intrínsecamente por la defensa de la sociedad dividida en clases. Así, sería un grave error de la fracción proletaria de la dirección del FNGE, diluir la independencia de clase del movimiento obrero en la lucha por la “constitucionalidad” contra la dictadura de Micheletti, eso sólo prepararía una trampa mortal que conllevaría nuevas desgracias y derrotas para la clase obrera. Lo que es justificable coyunturalmente, es decir, el Frente único contra la dictadura en alianza con la burguesía liberal, puede convertirse en un riesgo de raíz de la revolución proletaria. No puede haber una “revolución democrática” suspendida en el aire sin las contradicciones del capitalismo.

La maravillosa revolución hondureña tiene una base de clase: la clase obrera. Por tanto, la naturaleza de clase de la revolución es proletaria, no democrático-burguesa, sino proletaria. Bajo la orientación del programa, los principios, los métodos y tradiciones del movimiento obrero, podrían trascenderse los límites de la democracia burguesa, colocando a la revolución hondureña en la posibilidad de la toma del poder por parte de la clase obrera y de esa forma llevar a cabo las tareas pendientes de la Liberación nacional, que puede conseguirse sólo con el proletariado a la cabeza del movimiento que sin duda ganaría el oído de las escasas fuerzas de la clase media. Lo que este asombroso, intenso y colosal movimiento revolucionario hondureño necesita, no es sólo el retorno a la constitucionalidad burguesa, sino arribar a la revolución proletaria en toda la regla.

Existen de sobra las condiciones objetivas para formalizar la estructura local, regional y nacional de los sóviets de obreros y campesinos. Actualmente los sóviets existen informalmente, ¡hay que darles formalidad! Una estructura organizacional que se base en el Centralismo democrático, orientado por la superioridad de ideas, la discusión democrática, la elección de representantes con carácter revocable, que permita establecer vasos comunicantes, correas de transmisión de la estrategia y táctica del movimiento ante las cambiantes situaciones, que asegure la inflexibilidad programática y de principios, así como la flexibilidad táctica.

Por supuesto, es imprescindible plantear las reivindicaciones transicionales con claridad: la Asamblea Constituyente, el retiro de la base militar de Palmerola, cancelación inmediata del pago de la deuda externa y dedicar esos recursos al impulso sostenido y sistemático de la salud, educación e infraestructura públicos; pero también medidas como la expropiación y control obrero a las principales palancas de la economía: la banca, la gran industria y el comercio exterior. Todo ello enmarcado en la defensa de la revolución nacional apoyándose en la revolución internacional, fundamentalmente en Venezuela y Centroamérica. Para lograrlo, es imprescindible trazar las reivindicaciones transicionales sin separarlas de la lucha por la toma del poder obrero. La clase obrera organizada constituye la fuerza más poderosa de Honduras. Sólo hace falta contar con la política necesaria para luchar por la defensa de sus organizaciones y pasar a la contraofensiva por la toma del poder.

¡Adelante compañeros!

¡A formalizar los sóviets para dar consistencia programática y organizativa a la revolución!

¡Huelga general y extensión a Centroamérica para vencer al golpe!

¡Ningún pacto con el imperialismo!

¡Sólo el pueblo, salva al pueblo!



[1][1] Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Bebida y Similares, uno de los sindicatos de larga tradición de lucha y combatividad del proletariado hondureño.

[5] Se recomienda ampliamente Ver el vídeo, en donde Hugo Chávez reflexiona sobre el papel de las milicias populares: http://www.youtube.com/watch?v=zPq_VCc1aFQ&eurl=http%3A%2F%2Fporhonduraslibre%2Eblogspot%2Ecom%2Fsearch%2Flabel%2FVideos&feature=player_embedded

[6] Honduras pieza clave en el rompecabezas norteamericano. Revista Envío. http://www.envio.org.ni/articulo/61

[7] Es una organización islamista libanesa pro siria y pro iraní que cuenta con un brazo político y otro paramilitar. Fue fundada en Irán en 1979 y en el Líbano en 1982, como respuesta a la ocupación israelí de ese momento. Fueron entrenados. Hezbolá recibe armas, capacitación y apoyo financiero de Irán.

[8] La amenaza del fascismo: ¿Qué es y cómo combatirlo? Ted Grant, Obras. Volumen I. Fundación Federico Engels.

[9] Trotsky, ¿Y ahora qué?, en lucha contra el fascismo, citado por Ted Grant en: La amenaza del fascismo: ¿Qué es y cómo combatirlo? Ted Grant, Obras. Volumen I. Fundación Federico Engels.

[10] León Trotsky. Bonapartismo y fascismo. Julio 1934, citado por Ted Grant en: Democracia o bonapartismo en Europa, respuesta a Pierre Frank. Ted Grant Obras volumen I. Fundación Federico Engels.

[11] León Trotsky. El único camino en la lucha contra el fascismo, citado por Ted Grant en: Democracia o bonapartismo en Europa, respuesta a Pierre Frank. Ted Grant Obras volumen I. Fundación Federico Engels.

[12] Ted Grant. Democracia o bonapartismo en Europa, respuesta a Pierre Frank. Ted Grant Obras volumen I. Fundación Federico Engels.

Fecha: 
México, D. F. 02 agosto de 2009
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