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Defendamos la Revolución Cubana
Escrito por:
Felipe Castro
Después de la muerte (en febrero pasado) del disidente Orlando Zapata por una huelga de hambre, el imperialismo norteamericano y sus aliados de la Unión Europea iniciaron una nueva ofensiva, a través de una campaña mediática internacional (incluidos la mayoría de medios de comunicación de la burguesía en México) contra la revolución cubana, argumentando una supuesta violación a los derechos humanos y falta de libertades democráticas en la isla.
Según los medios de comunicación y algunas plumas de la burguesía, Orlando Zapata era un “preso político” que se puso en huelga de hambre para reivindicar mejoras en las condiciones carcelarias de los llamados “presos políticos”. Tras su muerte, las famosas Damas Blancas, familiares de los 75 supuestos presos políticos desde 2003, iniciaron protestas diarias en la isla.
La realidad es que Orlando Zapata no era un preso político, sino un preso común, como el resto de los llamados "disidentes" cubanos, condenados en 2003 no por tener diferentes ideas políticas (sólo permanecen unos 50 en la cárcel), sino por espionaje, terrorismo y colaboración directa con EEUU, que entre 2007 y 2008, había destinado 145.7 millones de dólares para los "disidentes" y organizaciones norteamericanas que actúan como intermediarios con los contrarrevolucionarios.
Otra verdad es que, mientras EEUU hipócritamente juzga a Cuba, mantiene en prisión a los Cinco héroes de Miami, cuya misión era infiltrarse en los grupos reaccionarios anticubanos que operan impunemente en Miami y sacar a la luz sus planes contra la revolución cubana y que fueron sentenciados, en un amañado juicio, a penas de entre 15 años y hasta doble cadena perpetua, estando aún en prisión pese a que en 2005 las condenas y el proceso realizado fueron anulados. Y por lo que se refiere a las Damas de Blanco, estas reciben una compensación de 1,500 dólares mensuales (cien veces más que el salario medio cubano) por parte de una organización contrarrevolucionaria de Florida.
Como se observa, el único objetivo de esta campaña mediática del imperialismo norteamericano es desacreditar a la revolución y propiciar la restauración capitalista en Cuba. A EEUU no le interesa si hay o no libertades democráticas en la isla, sino evitar que la revolución socialista se convierta en la bandera de millones de trabajadores y jóvenes en todo el mundo, particularmente en América Latina, que están viviendo las consecuencias terribles de la crisis capitalista mundial. Porque la democracia de la que habla el imperialismo, es la democracia burguesa (dictadura del capital), donde en apariencia uno puede opinar lo que sea, pero quienes toman las decisiones importantes de la economía son los banqueros, los monopolios y las multinacionales.
La revolución en peligro
Si no se produjo la restauración del capitalismo a principios de los 90 en Cuba, pese a la debacle económica que significó para la isla la caída de la URSS, fue por las enormes reservas políticas que conservaba la revolución, producto de los avances sociales conseguidos, a partir de la economía planificada, en salud, educación, alimentación, etc. No obstante, desde entonces, se tomaron una serie de medidas, en principio justificadas por una situación de grave emergencia, que alimentaron tendencias procapitalistas en la sociedad cubana; a pesar de que en 2003 (con el viento fresco de la revolución venezolana y el giro a la izquierda de los trabajadores en América Latina) el gobierno cubano tomó otra serie de medidas con el fin de contrarrestar los efectos negativos de las anteriores, limitando las concesiones a los negocios particulares, recentralizando el comercio exterior y eliminando la circulación del dólar sustituyéndolo por el peso convertible (CUC), no se ha frenado el ritmo del proceso de diferenciación social.
Al contrario, dicho proceso avanza desde que el gobierno cubano anunció el estableciendo de una relación entre el salario y el "rendimiento" laboral ("el trabajador ganará lo que sea capaz de producir"), así como la intención de retrasar la edad de jubilación en cinco años, en 2008; la legalización del pluriempleo (para que “los trabajadores incrementen sus ingresos") y el inicio de la supresión de los cerca de 25 mil comedores obreros que serían sustituidos por una asignación monetaria y así "liberar al país de una carga que no puede ni está en condiciones de seguir llevando", en 2009; y, finalmente, la eliminación del seguro de desempleo y todos los demás "subsidios" y "gratuidades" a inicios de este año. Todas estas medidas son justificadas por el gobierno con el argumento de intensificar la "productividad del trabajador" y restringir los gastos sociales "irracionales", porque dice: socialismo es “igualdad de derechos, de oportunidades, no de ingresos. Igualdad no es igualitarismo. Este, en última instancia, es también una forma de explotación: la del buen trabajador por el que no lo es, o peor aún por el vago" (http://www.granma.cubaweb.cu/2008/07/11/nacional/artic30.html).
Sin duda, la igualdad en la distribución de la riqueza no se puede conseguir total e inmediatamente y ciertos niveles de desigualdad son inevitables, pero se debe luchar de manera consciente por eliminarnos gradualmente. Por supuesto, esto no se conseguirá por la denominada “vía China” que es una falsa ilusión contrarrevolucionaria, pues en China no hay un “nuevo tipo de socialismo”, en realidad, se ha restaurado el capitalismo, con el consiguiente incremento de la desigualdad y explotación de la clase obrera.
Democracia obrera y extensión de la revolución
Las desigualdades existentes en la economía cubana demuestran que el socialismo no se puede construir en las estrechas fronteras nacionales de un solo país, sin aprovechar el desarrollo alcanzado por las fuerzas productivas a nivel mundial. El aumento de las desigualdades económicas fortalece las tendencias procapitalistas, aceleran la acumulación privada, disuelven la conciencia colectiva entre la población y tienden a minar la confianza en el futuro y viabilidad de la revolución, haciéndola más vulnerable a la reacción capitalista.
La única alternativa para preservar y ampliar las conquistas sociales es que la clase trabajadora tome en sus manos la administración del estado, expulse a la burocracia procapitalista del gobierno y controle directamente la economía. La participación consciente de la población en la planificación de la producción y su capacidad para ejercer un control efectivo sobre la misma, son decisivas para el funcionamiento eficiente de la economía planificada.
Además de lo anterior, es necesario extender la revolución socialista a nivel internacional, empezando por Venezuela (expropiar a los capitalistas y concluir la revolución), con quien la colaboración establecida desde 2003 (apoyo de profesionales, así como proyectos de inversión e intercambio comercial) ha demostrado los efectos positivos del potencial que supondría la planificación conjunta de ambas economías para contrarrestar los efectos adversos de la crisis capitalista mundial, y construir la Federación Socialista de América Latina.
Fecha:
17 de junio de 2010 














